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Diario de Mallorca

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He leído un artículo muy interesante —inquietante, me atrevería a matizar— de Maite Hidalgo referido al problema al que nos llevan los navegadores de Internet actuales, que permiten abrir una pestaña tras otra, en una o en innumerables ventanas, manteniendo ante nosotros tal cantidad de información que la mente humana no la puede procesar. Quien ha puesto el dedo en la llaga es Aniket Kittur, profesor del Human-Computer Interaction Institute en la universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh, Pensilvania), mediante una metáfora: Internet nació tan grande como Madrid y ahora abarca diez veces el tamaño de la Tierra. Pero las herramientas que utilizamos son las del principio: tiramos de ellas ampliando los resultados que nos brindan y lo hacen a través de aquél mismo procedimiento que se instauró en los comienzos de la red de redes.

El resultado, por lo que hace a los navegadores que permiten tener abiertas páginas web en diferentes pestañas —todos ellos—, se traduce en un número enorme de páginas simultáneas. ¿Podemos tener presentes todas ellas en la memoria? Que existe un límite os obvio. Puede que la mente humana sea capaz de recordar, en términos generales, lo que había en pongamos cinco, siete o nueve páginas. Habrá quien disponga de capacidades para recordar hasta veinte o incluso cuarenta. Pero lo que queda claro es que nadie podrá tener presentes diez mil y, si aún hay tozudos que digan que sí, ¿sería alguien capaz de lidiar con diez mil millones de pestañas? La serie de números naturales o enteros, como se quiera, es infinita así que no tenemos que quedarnos en un número de esa magnitud; cabe multiplicarlo por mil o por diez mil millones. Teniendo en cuenta, además que al paso que llevamos Internet puede llegar al tamaño, en la metáfora de antes, del sistema solar.

Para el profesor Kittur la solución consiste en organizarse, es decir, en construir una herramienta que nos permita navegar por Internet organizando los contenidos en virtud de cada tarea que deseemos y que, además, nos deje pasar de una tarea a otra con facilidad. Dicho de otra forma (en palabras del mismo profesor) hay que construir sistemas que se ajusten al modo como funciona la mente humana.

Pero ¿sabemos cómo funciona? En realidad lo que mejor conocemos acerca de la manera como nuestro cerebro construye los pensamientos es en términos negativos: sabemos lo que no podemos hacer. No podemos tener presentes mil millones de pestañas —y puede que ni siquiera dos docenas de ellas— pero conocemos muy mal la manera como se organizan los distintos pensamientos en una cadena. Sólo tenemos la convicción de que nuestra forma de procesar la información va más allá del pensamiento consciente. Mientras no sepamos hasta dónde, estamos perdidos.

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