Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ramón Aguiló

Escrito sin red

Ramón Aguiló

El descontrol de la pandemia

La presidenta Armengol discurseó en el comité federal del PSOE sobre las maravillas del gobierno de Sánchez. «Nos ha traído estabilidad. El diálogo y la estabilidad han sido claves para la recuperación económica; se ha gestionado la crisis optando por la defensa de las personas y aplicando el mayor escudo social». ¿De qué país estaría hablando? En el nuestro el paro es del 14%, el mayor de la UE. Con una inflación del 6,7%, la mayor desde hace treinta años, los salarios y las pensiones han seguido perdiendo poder adquisitivo. Calviño ha asegurado que seguirán haciéndolo en 2022. «Gracias a un gobierno progresista se ha hecho frente a la crisis con más ayuda que nunca y con la prioridad de salvar vidas». La ayuda no ha provenido del gobierno sino de los fondos europeos; y parece dirigirse con mayor peso a las autonomías dirigidas por el PSOE o sus aliados. «Poder contar con un ejecutivo como el de Sánchez ha sido y sigue siendo un refuerzo para las CC AA durante la pandemia». Que la sanidad sea competencia de las autonomías no significa que la función del Gobierno sea de «refuerzo»; es al revés, en pandemia le corresponde al Gobierno dirigir la lucha en su contra, con el refuerzo de las autonomías en la vacunación, las hospitalizaciones y la atención primaria. Inició Sánchez con retraso, con falsedades (las mascarillas eran innecesarias y molestas), la lucha contra la pandemia, asumiendo todos los poderes declarando el Estado de alarma y el confinamiento para, a continuación, a la vista del martirio del control parlamentario, declarar en julio de 2020 la victoria sobre el virus y el inicio de la gobernanza con las autonomías en otoño, que significó el desentenderse de la pandemia con un segundo estado de alarma delegado en las autonomías, declarado anticonstitucional como el primero. El caos generalizado en la aplicación de medidas restrictivas ha sido una constante desde entonces, sin una sola reforma legal que suministrara instrumentos eficaces contra la pandemia.

Con la aplicación de la vacunación y los bajos niveles de contagios, Sánchez declaró hace dos meses, otra vez, derrotado el virus; que España era una referencia mundial de vacunación, un ejemplo y envidia para Europa que estaba siendo asolada por la variante delta y empezaba a extenderse la ómicron. Desde principios de diciembre el número de contagios ha ido creciendo con una transmisión exponencial de la nueva variante. Planteaba Sánchez el pasado lunes en entrevista con Àngels Barceló en la SER que convenía evaluar la convivencia con el virus, tratándolo como una gripe estacional. El martes la OMS y la Agencia Europea del Medicamento advirtieron que era prematuro tratar la covid-19 como una gripe. En efecto, la comparación en estos momentos con la gripe es desafortunada pues una gripe no contagia a 150.000 personas cada día, ni mantiene 15.000 hospitalizados o más de 2.000 en las UCI, ni provoca un alud de bajas laborales que mantiene colapsados los centros de salud, ni amenaza el funcionamiento de los servicios públicos. Los efectos de la gripe, con el porcentaje de defunciones que comporta, no se traduce en los efectos persistentes que provoca el coronavirus. El martes se documentaron 247 muertes, siendo la tendencia en estos momentos al alza. En Francia iban este martes por los casi 400.000 contagiados y 270 muertos. En Italia, iban por los 150.000 y 240 muertos. En EE UU 1.000.000 y 2.000 muertos.

La experiencia con esa última variante sugiere que es prematura y temeraria la idea de comparar la pandemia de covid-19 con la epidemia de la gripe. Asimismo los datos parecen evidenciar que es un error confiar únicamente en las vacunas, dado el importante ascenso de contagios entre personas vacunadas y el aumento de infecciones en residencias de mayores. Estar vacunado ya no es sinónimo de estar inmunizado; todo lo más protege de las consecuencias más devastadoras de la infección. Al mismo tiempo, dado que los vacunados infectados pueden contagiar, se desvanece la idea de la seguridad que el certificado de vacunación o pasaporte covid puede aportar, suministrando argumentos a quienes se oponen al mismo por entender que atenta contra un derecho fundamental, el de la intimidad, sin que se haya tomado ninguna medida legal para desvanecer dudas sobre su pertinencia. Los países con tasas más bajas de incidencia son aquellos que, además de buenos porcentajes de vacunación, han implementado políticas enérgicas, sin descartar restricciones y apoyo financiero. Los que para enfrentarse a las sucesivas olas han puesto en marcha estrategias sólo para contener los contagios, esperan que con la de la vacunación baste para que el sistema sanitario no se colapse. Esta estrategia, la española, da unos resultados negativos tanto en la atención sanitaria, como se ha visto por las bajas entre los sanitarios que está provocando colapsos en hospitales y centros de salud; daña la economía y el estado anímico de la población, cada vez más cansada, harta e irritada con los gobernantes.

La impresión que se puede tener a la vista de la situación, es que, en España, a falta de sólidos argumentos científicos o económicos, lo que se hace por parte del Gobierno es tomar decisiones en base a sus intereses políticos. No digo que eso sólo ocurra en España, seguramente en muchas otras partes, pues los gobernantes no están dispuestos a sufrir las consecuencias políticas de tomar medidas necesarias, pero al mismo tiempo impopulares, como las de Australia y Nueva Zelanda. Quizá es por eso que las manifestaciones en Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, minoritarias, sean contra las restricciones, mientras las mayorías aceptan resignadas las medidas que imponen sus gobiernos. En España no se dan siquiera esas manifestaciones negacionistas; debemos ser uno de los países del mundo más inclinados a acatar sin rechistar las disposiciones del poder. Es tal la conmoción psicológica que arrastramos, que tenemos la propensión a aceptar los triunfalistas alegatos del poder, cualquier mensaje optimista con relación a la pandemia que nos permita albergar la esperanza de que todo sea una pesadilla a punto de desvanecerse. Pero cuando se disipa la brumosa cháchara presidencial, el dinosaurio sigue ahí.

Compartir el artículo

stats