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Diario de Mallorca

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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

El Borbón resulta un soberano incordio en España y en Dubái

Felipe VI no puede viajar a los Emiratos para asistir a la presentación del pabellón de España en la Expo; la presencia de su padre, el Borbón indeseado, lo impide

Para algunos, en proporción menguante, Juan Carlos de Borbón no será exonerado por la historia, pero tampoco condenado. Hay que disentir de esa misericordiosa casi enternecedora apreciación de la figura del padre de jefe del Estado; sucede que los méritos contraídos en los años de la Transición han dejado de computar, ni a beneficio de inventario. Juan Carlos, defraudador confeso (dos regulaciones fiscales, contando con la chirriante benevolencia de la Agencia Tributaria, lo corroboran), comisionista amparado en la inmunidad que le concedía ser Rey en ejercicio, lo han condenado inapelablemente. Ninguna novedad. Es reiterada tesitura en la que se vieron envueltos muchos de sus ancestros; basta detenerse en somero repaso a la peculiar biografía de su abuelo, Alfonso XIII, golpista, corrupto, productor de películas pornográficas, humana calamidad. El nieto, alejado de la patria por comandita decisión de su hijo y el presidente del Gobierno, sigue reportando sinsabores a la Corona; es, quién lo pudo prever, espléndido hacedor de republicanos, solo contrarrestado en parte por los republicanos de Podemos y adheridos. Juan Carlos es un soberano incordio tanto si está en las Españas como si supuestamente pena en Dubái, donde ha establecido su domicilio fiscal. Y todavía se nos quiere vender la burra vieja de las bondades de la Monarquía.

Ocurre que allí, en las dictaduras árabes del Golfo Pérsico, más o menos tuteladas por otra sucia dictadura, la de Arabia Saudí, que ejerce de mamporrero de los Estados Unidos, se celebra la Expo, de la que en España tenemos el precedente de la de Sevilla en 1992 y la mucho más lejana de Barcelona, en los inicios del convulso siglo XX. En el precedente también la capital de Cataluña se regaló con algo parecido. Allí está establecido el Borbón padre: conclusión, el Borbón hijo, que hoy ostenta la jefatura del Estado, no puede viajar para presidir la inauguración o lo que sea del pabellón español, puesto que familiar, no necesariamente entrañable, encuentro entre ambos, padre e hijo, es inaceptable a todos los efectos. La Corona prima sobre la familia. Se trata de principio inmutable que los Borbones llevan incorporado a sus regios genes. Será el presidente Pedro Sánchez quien se desplace para tratar de hacer negocios; el Borbón execrado ha dejado caer, incordiar sí que le puede, que sería positivo para hacer negocios en favor de España (¿y de la familia?) que su hijo asistiera.

La escasa repercusión que consigue suscitar el reinado de Felipe VI ha de resultar preocupante, hasta inquietante, para los monárquicos de toda la vida. No es que el Rey caiga mal o bien, es que no cae: suscita generalizada indiferencia. La derecha sigue pugnando, también en empeño republicano, por hacérselo suyo; obtiene el consecuente resultado opuesto al que proclama perseguir. En cada oportunidad en que el desaforado Santiago Abascal y el petimetre Pablo Casado ensalzan al Monarca, el «ejemplar» desempeño de sus funciones, la nómina republicana se incrementa. Nunca como ahora ha estado más a la vista que el verdadero sostén de la Corona, de la Monarquía establecida en la Constitución de 1978, es el PSOE y solo el PSOE. Con la derecha en el poder, hoy, reiterémoslo, hoy, la Institución sufriría más de lo que lo está haciendo, que ya duele.

Acotación supuestamente ganadera.- Vaya por delante que no como carne. Lo de Garzón a cuenta de las macrogranjas es disparate que requiere un Berlanga para plasmarlo en imágenes. De seguir así el beneficiado en las elecciones de Castilla y León será Podemos. El PSOE descarrila en su aparatoso distanciamiento del ministro comunista; al PP, Pablo Casado, con previstas visitas a granjas, lo dejará en pelota picada.

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