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Diario de Mallorca

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Lucía Velasco

Lucía Velasco

Economista especializada en tecnología e innovación social

La gran dimisión de las mujeres

Ilustración. Pablo García

Desde hace unos meses los norteamericanos están dimitiendo. No se recuerda un fenómeno comparable. Lo que se ha llamado «la gran renuncia» o «la gran dimisión» es una peculiar situación que ha hecho que en menos de un año más de 20 millones de personas hayan dicho voluntariamente adiós a su puesto de trabajo. Pero si algo llama la atención es el número de mujeres que está volviendo a esa casa de la que tanto costó salir: en septiembre de 2021 más de 300.000 mujeres abandonaron la población activa, en contraposición a los casi 200.000 hombres que se unieron a ella ese mismo mes. La participación de las mujeres en el mercado de trabajo estadounidense es menor que antes de la covid y roza los niveles de los años 80, algo extremadamente preocupante.

En el caso de las mujeres, la injusta distribución de las tareas no ha hecho más que empeorar durante estos dos años. Ellas dedican 7,4 horas más a la semana al cuidado de los niños y 5,3 horas más al cuidado de personas mayores que sus compañeros. Según la encuesta 2021 Gartner Hybrid Work Employee Survey realizada a más de 4.000 personas, el 65% de las mujeres se están replanteando el lugar que debe ocupar el trabajo en sus vidas. Es indudable que se han esforzado mucho durante este tiempo y ahora llega la fatiga. Como cuando te vas de vacaciones y te viene todo el cansancio de golpe. Mientras que a más de la mitad de los hombres le queda energía para el ocio, las mujeres en su mayoría no la encuentran. En general, sentimos menos bienestar e incluso nos encontramos mal. Hay además del físico, un agotamiento virtual. Una parte considerable quiere que los días sin reuniones sean la norma y que se restrinja el tiempo que les dedicamos a las videollamadas. Cuatro de cada diez se quejan de que su jornada laboral no les permite cumplir sus objetivos personales y profesionales.

Ilustración. Pablo García

Mientras la gran dimisión sigue viendo cómo millones de empleados abandonan sus trabajos, las organizaciones deben comprender qué motiva a las mujeres para quedarse o irse, porque no podemos permitir perder el talento de la mitad de la población. Aparentemente, la retribución, la satisfacción laboral y la flexibilidad son los tres elementos clave. Queremos flexibilidad para personalizar nuestros horarios de trabajo y de vida, pero no a expensas del sueldo o de nuestras oportunidades de carrera. Ya se ha visto que las mujeres piden teletrabajar más, pero se teme que el sesgo de proximidad del liderazgo les pueda perjudicar, es decir, que las personas que dirigen favorezcan a los que vean más cerca. Lo que sin duda habrá que investigar es si realmente quieren trabajar desde casa o se sacrifican por diferentes razones.

El futuro del trabajo será sin duda híbrido, pero las expectativas han cambiado. Si algo va a caracterizar los años que vienen, especialmente en el sector más relacionado con el conocimiento, va a ser la guerra por el talento. Las organizaciones que demuestren su compromiso con la igualdad salarial, el acceso equitativo a las oportunidades y la apuesta por el trabajo en remoto atraerán a más mujeres.

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