Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Juan José Millas

Tierra de nadie | Fiebre purificadora

Mi cuerpo ha reaccionado a la tercera dosis de la vacuna con los síntomas de una gripe atenuada desde la que observo los problemas del mundo y los propios con una indiferencia no exenta de curiosidad. Quiero decir que por un lado me importa un pito todo lo que pasa, pero, por otro, me gustaría ver el mecanismo por el que las cosas pasan o dejan de pasar. Si el mundo fuera un juguete, lo desmontaría para estudiar cada una de sus piezas, aunque me llevara la eternidad, pues otro de los síntomas de esta reacción consiste en que no tengo prisa para nada. Ni para desmontar el mundo, si ello fuera posible. El tiempo se ha dilatado de tal forma que cada segundo de mi vida se estira y se estira como un chicle o como una goma elástica sin peligro, al parecer, de romperse.

Yo tampoco soy un juguete, pero me puedo desmontar con más facilidad que con la que los analistas políticos o económicos desmontan la realidad. De hecho, es lo que hago en el diván de la consulta de mi terapeuta, desmontarme con la esperanza de que, al volverme a montar, las piezas encajen mejor que en la ocasión anterior. Me he desmontado y montado mil veces en esa consulta y puedo asegurar que el relato de mi vida, después de cada nueva operación, resultaba más coherente. Mi objetivo es que, en una de esas, la coherencia alcance el 100%. El problema es que debo hacerlo antes de que me envíen directamente al desguace. En el desguace ya no hay salvación para el «yo». Puede haberla para el hígado, si se lo trasplantan al alguien, o para las córneas, si se colocan en otros globos oculares. Pero el «yo» o el «ego», como ustedes prefieran, la subjetividad, en fin, se habrá perdido para siempre.

Observada mi vida a la luz de las escasas décimas de fiebre proporcionadas por la tercera dosis de la vacuna, debo admitir, sin género de dudas, que todo, en mi existencia, ha sido el resultado de una sucesión de malentendidos. Las cosas han salido como han salido sin la necesidad de un plan, de una estrategia. Jamás deseé ser yo ni ser otro, ni ser a secas). Ahora bien, no veo nada dramático en todo esto. No hoy al menos. Ojalá esta especie de gripe atenuada, que incluye cuatro décimas de una fiebre purificadora, durara para siempre.

Compartir el artículo

stats