Desde hace tiempo había un interrogante que me tenía fascinado. ¿Los gilipollas nacen o se hacen? Se ha escrito a lo largo de la historia sobre todo, pero yo tenía la duda si alguien había escrito sobre la estupidez, la gilipollez humana. Cómo pude dudar de ello. Indagué y comprobé que incluso había una Teoría.

La Teoría de la Estupidez, de Carlo Maria Cipolla. El profesor de historia del pensamiento económico Carlo Maria Cipolla, tuvo fama por un opúsculo titulado Allegro ma non troppo publicado en 1988.

Para Cipolla, hay una fuerza humana más enérgica que las grandes corporaciones, más poderosa que los estados más robustos, más audaz que las redes criminales más sofisticadas. Esa fuerza es la de la estupidez humana. Cipolla entra en el tema de la estupidez no como una plañidera ni como un cínico. Su aproximación no tiene que ver con una denuncia de los males de la tierra, sino que es la aproximación de un científico sobre un tema objetivo cuyos fenómenos son susceptibles de ser estudiados. Segunda Ley Fundamental de la Estupidez Humana (ley de hierro): la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.

La evidencia científica apunta a que todos los hombres tenemos en conjunto las mismas capacidades. Sin embargo, Cipolla piensa que no. Cipolla defiende que hay hombres que nacen irremediablemente estúpidos. ¿Y qué ocurre cuando un gilipollas o una bandada de ellos mandan en una nación? Pues que esta nación va irremediablemente a la ruina moral, económica, social.

El gobernante estúpido y gilipollas lo es exclusivamente por su ego y para él, despreciando absolutamente a su pueblo, al que trata como gilipollas y cercena cada día la libertad, la ética, la moral y todos los derechos poco a poco hasta convertirlo en un rehén de su ambición y egoísmo. En Italia aplicaron perfectamente esta teoría en la figura de Berlusconi, que alcanzó el poder a través de la televisión carcomiendo las cabezas de los consumidores, hecho tristemente trasladado a España en una ficción de lo que verdaderamente debía ser la política al servicio de los ciudadanos.

Esto es absolutamente ciencia pura, de tal forma que Darwin en su estudio de la evolución de las especies y su diversidad, lamentablemente, al incidir en ello se olvidó quizás intencionadamente de referirse a la aparición de la raza tonta y su expansión en la naturaleza. Pero es obligado indicar que esta epidemia tontuna no solo afecta a las clases políticas, sino que se extiende a todos los ámbitos sociales. Albert Einstein ya indicaba que había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, significando muy acertadamente que de la primera no estaba seguro.

Las sociedades, el pueblo, no podemos echar la culpa exclusiva a los políticos de la marcha de una nación, sino que debemos adjudicarnos una parte muy importante de esa responsabilidad pues cuando los gilipollas mandan es que, tristemente, lamentablemente, nosotros también hemos asumido como nuestra la estupidez. Lo doloroso de todo ello es que no reaccionamos y pasan inexorablemente los años sin que hagamos un acto de fe para cambiar las cosas y que la democracia no se convierta en un gran teatro del que solo intervenimos en un acto inútil cada cuatro años.

Cipolla afirmaba que una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso. Insto a los grandes científicos a que investiguen una vacuna para paliar la gilipollez en la medida de lo posible. Todos nos creemos inteligentes, incautos e incluso malvados, pero es difícil que nos consideremos estúpidos.

Pero el caso es que hay muchos y nada nos asegura que no seamos nosotros, a ojos de los demás, uno de ellos. Cipolla dixit.