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Jose Jaume

Desde el siglo XX | La molesta obviedad de que Scholz es socialdemócrata

El canciller de la República Federal de Alemania es socialista clásico, lo que augura un impulso para el centro izquierda en Europa con inevitable impronta germana

Leyendo crónicas remitidas desde Berlín por corresponsales de los medios de la derecha españoles se obtiene la incuestionable certeza de que ha sentado rematadamente mal que en Alemania desde el miércoles esté en la Cancillería federal un socialdemócrata de los de siempre, en la mejor tradición del socialismo alemán acuñado por Willy Brandt y Helmut Schmidt, dos de los cancilleres que preceden a Olaf Scholz, además de Gerhard Schröder, el menos socialdemócrata, más «liberal» a lo Nadia Calviño, de los cuatro. Para la derecha ha supuesto serio disgusto que no se haya conformado el tripartito de democristianos, liberales y verdes. Tener en Alemania, estado alfa de la Unión Europea (UE) junto a Francia, que más que serlo lo aparenta, a un socialdemócrata al mando rompe esquemas en la soliviantada derecha española, que asiste a la indisimulada satisfacción con la que el presidente del Gobierno Pedro Sánchez ha recibido la elección Scholz. Cómo será su nivel de complacencia que se ha permitido carcajearse de los restos insepultos de Ciudadanos, a los que ha recordado que sus presuntos, solo presuntos, colegas alemanes han pactado con las izquierdas, mientras que aquí padecen permanente tortícolis de tanto mirar a la derecha. Los medios que intentan apuntalar al PP de Pablo Casado centran la atención en el hecho de que un liberal ocupa el ministerio de Finanzas, con lo que dan por hecho que le irá mal al Gobierno. Insistamos en lo obvio: el canciller federal es socialdemócrata. El Gobierno de la RFA es de centro izquierda, con importante, sustancial, aportación del partido de los verdes. Tal vez Casado, poseído de raro en él atisbo de cierta lucidez, se ha percatado del cambio que se instala en Europa al declarar al diario bonaerense La Nación que después de las próximas elecciones generales, en las que se da por ganador (las encuestas, incluso las de los suyos, empiezan a decir lo contrario), ofrecerá una gran coalición al PSOE como primera opción o que gobernará en solitario con el concurso exterior de Vox. La extrema derecha ha dejado establecido que si de ellos dependen la mayorías entrarán en el gobierno o no lo habrá con su concurso.

Volvamos a lo que supone Scholz. Ante todo lo descrito: refuerzo sustancial para la socialdemocracia europea, lo que no significa que todo vaya a ser fácil y hacedero sin más. Después, lógico escoramiento hacia el centro izquierda de la instituciones de la Unión. Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión, amiga y correligionaria de la jubilada Ángela Merkel, sin duda se entenderá con Scholz. El populismo de derechas: desatado en Polonia, Hungría, Chequia, emergente en Francia, Italia y España, lo tendrá difícil, tanto o más de lo que se lo ha puesto Merkel, que hasta cierto punto, solo hasta cierto punto, optó por contemporizar. Además, Scholz parece decidido a ser duro con el asunto de la pandemia. En lo inmediato malas noticias para el turismo, que se verá resentido. Es, en todo caso, contingencia reversible: la vacunación y el hartazgo harán su trabajo.

Concluida la enfáticamente denominada «era Merkel» (16 años, cuatro legislaturas) Alemania, a su rebufo Europa, se adentra en etapa que pronto se observará que deferirá de la concluida. Scholz, socialdemócrata, no es lo mismo que Merkel, democristiana. Socialdemócratas y verdes no serán lo mismo que democristianos y socialdemócratas gobernando en coalición. Los factores no son equiparables. Los liberales alemanes saben gobernar con los socialdemócratas, lo han hecho antes.

Puede Pedro Sánchez sentirse satisfecho. Con Ángela Merkel no le ha ido mal. Con Olaf Scholz apunta que le puede ir mejor: la ondulación socialdemócrata se refuerza. Eso sí: la política depara siempre sorpresas.

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