En demasiadas ocasiones he acudido a charlas o jornadas donde se reivindicaba como una especie de seña ideológica campesina a las pequeñas explotaciones agrarias. Hace muchos años que digo lo mismo. No se puede vivir con 200 gallinas ponedoras en ecológico. El que se crea que esto es posible está bastante fuera de la realidad. Se puede obtener una renta digna con una explotación de 3.000 gallinas que, de acuerdo a la normativa ecológica, implicaría disponer de una superficie exterior de más o menos 15.000 m2 divididos en parques, con la suficiente sombra que proporcionarán los árboles que plantemos, y con 500 m2 de gallineros cubiertos. Todo esto, más la zona de almacenamiento, y la zona de limpieza y clasificación de los huevos. Sin despreciar otras opciones, quiero decir que sin duda opto por una agricultura viable desde el punto de vista económico.

También me ha sucedido lo contrario. Algunas personas me han preguntado alarmadas, incluso enfadadas, cuando entendían que «autorizábamos» una nueva instalación agraria de gran tamaño, o cuando una explotación agraria amplía sus naves, o incluso cuando una plantación de frutales o viñedo se extiende más allá de unas cuantas decenas de hectáreas. Es como si el sector agrario no debiera crecer, o si por el hecho de crecer, perdiera su esencialidad. Imagino que todos seremos conscientes de que una explotación de 3.000 gallinas no es una macrogranja. Es evidente que tenemos un problema con el tamaño. Lo que aquí es grande, en la península sería considerado pequeño o mediano, pero en todo caso, la dimensión es parte de la ecuación de la viabilidad, estés en Aragón o en Balears. No es lo único a tener en cuenta en el diseño de una explotación. Existen otros elementos como la innovación, la mecanización, la digitalización, las variedades o las razas, la calidad de la producción, la posible transformación, el canal de comercialización o el desarrollar actividades complementarias, pero tener el tamaño adecuado es una cuestión relevante

El tamaño de una explotación tiene que permitir producir lo suficiente para obtener una renta cercana, y si es posible superior, a la renta agraria de referencia que cada año por estas fechas fija el ministerio de Agricultura. Para el año 2021 fue de 30.622€. Cuando hablamos de tamaño, nos referimos a dos cuestiones: Superficie o de cabezas de ganado, y de la dimensión económica que se obtiene de la venta de las producciones. Fijándonos en el segundo significado, seamos conscientes que el 62,5% de las explotaciones de las Islas Baleares generan una Producción Estándar Total inferior a los 10.000 €/año. El dato no está muy lejos del 56% de media en España. El problema está en las que tienen una dimensión económica que empieza a ser considerada como viable. Solo el 21,9% de las explotaciones de Balears genera una producción de más de 20.000€/año frente al 39% de media en España. Mirándolo de otra forma, es relevante saber que el 85% del valor de la producción de Balears lo concentran este 22% de explotaciones.

Cuando alguien inscribe una explotación agraria o ganadera en el Registro Interinsular Agrario, se le asigna una cantidad de Unidades de Trabajo Agrario (UTAs) que serían algo así como los puestos de trabajo que la explotación puede generar en un año. Este dato se calcula teniendo en cuenta los ingresos que se producen en función de la superficie o el número de cabezas de ganado. Por ejemplo, para conseguir una Unidad de Trabajo Agrario con una explotación de cereal en secano se necesitan 72 has, que producirán un margen bruto de 27.000€. Para obtener una UTA de tomate en invernadero necesitas 2,5 has. La UTA en una explotación de ovino de carne se conseguiría con 166 madres reproductoras. A cualquier que haga unos números se le ocurrirá que ha llegado la hora de revisar y actualizar estos parámetros. Parte de nuestra responsabilidad como Conselleria está en apoyar a las explotaciones para que poco a poco se aproximen a esta dimensión de viabilidad.