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Diario de Mallorca

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Antonio Balibrea

Antonio Balibrea

Sociólogo y periodista

Menos sustos y más vacunas para todos

«Es motivo de preocupación, no de pánico» y quien lo ha dicho es alguien habitualmente bien informado, el presidente norteamericano, Joe Biden. Él está tratando de vencer los prejuicios y que la población de Estados Unidos se vacune lo antes posible. El Grupo Consultivo Técnico de la Organización Mundial de la Salud (OMS), curándose en salud, nunca mejor dicho, en la reunión que mantuvo el pasado 26 de noviembre, -cuando sólo habían pasado dos días desde que Sudáfrica notificó la variante B1.1.529- acordó darle el nombre de variante ómicron de la covid-19 y calificarla como «variante preocupante» (V.O.C.); que cumple los criterios de las «variantes de interés» (V.O.I.) - en el argot de la OMS y por sus siglas en inglés- que así se califican cuando resulta significativo el aumento de transmisibilidad, la gravedad, o las medidas sociales y de salud pública disminuyen su eficacia. Pero el caso, sin embargo, es que todavía ninguno de esos factores se ha confirmado por la OMS, que no ha recomendado nuevas medidas. El «grupo consultivo» se ha curado en salud. No se sabe si la variante ómicron es más transmisible, más virulenta o más resistente a las vacunas; pero lo que ha demostrado la alerta que ha provocado en todo el mundo es el enorme peligro que encierra para todos la actual desigualdad en el acceso a las vacunas.

La variante delta surgió en la India, ómicron se ha identificado en Sudáfrica, dos países con bajas tasas de vacunación. Los dos han propuesto que se asegure el acceso universal a las vacunas mediante una exención temporal de patentes que permita compartir el conocimiento y asegurar la fabricación de viales a gran escala para toda la población del planeta. El pasado día 30 la Organización Mundial del Comercio (OMC) iba a discutir la propuesta, pero se suspendió la reunión, a pesar de contar con el apoyo de más de cien países, incluido EE UU. La propuesta está paralizada por la oposición de la Unión Europea y unos cuantos países fabricantes (Alemania y Reino Unido entre otros). De los 2.000 millones de dosis que tenían que llegar antes de final de año al programa Covax de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sólo hay 550 millones; España es de los países que más ha donado. Los países ricos, los del G20, han acaparado el 80% de las vacunas producidas mientras que apenas un 0,6% ha ido a parar a los países con menores ingresos. En Europa más del 70% se ha vacunado, y quien no, es porque no ha querido; en África apenas llegan al 7%.

Los científicos nos han dicho hasta el aburrimiento que el COV-2, en cualquiera de sus modalidades, es muy transmisible e incluso por los que estamos vacunados, pero en estos casos los efectos están siendo casi en su totalidad leves. Por eso, añado, los indicadores de problemática no pueden ser solo el número de afectados por 100.000; sino que es más significativo el número de camas hospitalarias, y camas UCI ocupadas por 100.000 habitantes. Es decir, la proporción de enfermos graves y cuántos de esos enfermos son «no vacunados». También nos repiten que las vacunas están resultando eficaces en un 95%, -o, lo que es lo mismo, «no eficaces» en el 5%-. Como lo está siendo el uso de las mascarillas, el mantenimiento de la distancia social, la ventilación en locales cerrados. Ahora se ha añadido la tercera dosis a los grupos de riesgo y de mayor edad; incluso quizá una vacuna menos agresiva para niños y jóvenes. Esto es lo que está claro. El pasaporte Covid, certificado de vacunación, lo que hace es limitar las relaciones sociales en sitios cerrados con aquellas personas que no han querido vacunarse por propia voluntad, o que ni siquiera se realizan las pruebas necesarias para certificar previamente que no están afectados. Hasta aquí lo que sabemos y las recomendaciones de la OMS. Mientras se mantenga esa situación y no se limiten los grandes beneficios de las farmacéuticas, ni se apruebe la exención temporal de patentes, seguirán saliendo nuevas variantes en cualquier parte del mundo. Recientemente un científico español dijo «vamos a hacer pedagogía y no a dar sustos». Los sustos, si acaso, a las farmacéuticas; y las vacunas a disposición de todos.

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