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Diario de Mallorca

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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Bertín Osborne, ese gran español

Son caballeros (o señoras) de rompe y rasga, se llenan la boca con el nombre de España, patriotas a carta cabal; eso sí: sus dineros a buen recaudo en paraísos fiscales

Bertín Osborne.

L o escribió el poeta, que murió herido en el alma, Antonio Machado: «y pedantones al paño que miran, callan y piensan, que saben porque no beben el vino de las tabernas. Mala gente que camina y va apestando la tierra...» En apariencia, solo en apariencia, el verso no se ajusta a lo que es Bertín Osborne: extrovertido, dicharachero, magnífica planta, complaciente, todo un señorito andaluz, trasplante del pasado, de los «de ayer y de siempre en la cepa hispana», enriquecido cantando, encelando señoras; después estableciendo suculentos contratos televisivos con entrevistas zalameras, desenfadadas, un punto picantes, pero sin pasarse, en tu casa o la mía. El apellido vende, y de qué forma. Además, se permite incursiones extravagantes en política, dándoselas de moderado, centrista, aunque reconoce amistad entrañable con prebostes de la extrema derecha, con los Espinosa de los Monteros, sin ir más lejos. Bertín es caballero español sin tacha para los suyos. Patriota a carta cabal, que se escandaliza cuando asiste, sin pretender entenderlo, al ilegal desafío planteado al Estado por los independentistas catalanes, nada menos que a la pretensión de «romper» España, o cuando execra a Podemos, al que debe considerar directo heredero de aquellos famélicos campesinos que en tiempos de sus abuelos, allá por la Segunda República, ocupan los predios de los terratenientes haciendo imprescindible la intervención sin concesiones de la Guardia Civil «caminera», que glosó otro grande, no fenecido con el alma lacerada, que también, sino asesinado, porque mataron a Federico en su Granada. Osborne, ese caballero español, patriota insigne, lo es solo hasta determinados límites, los que jamás han de ser franqueados. Lo saben los de su clase.

Hete aquí que Bertín, todos tenemos un mal día, otra vez será investigado por la Audiencia Nacional. ¿Qué ha acontecido? ¿Cómo es posible que voz tan sugerente tenga cuitas con la Justicia? ¿Se las ve con mujer despechada? No van por tales derroteros las cosas, no se trata de la «señora de su señor, amante de un vividor», que nos cantó la gran Cecilia; el asunto tiene que ver con los prosaicos dineros, con pagar los impuestos en España contribuyendo al erario común, presunta responsabilidad colectiva. Osborne, el toro, no solo estableció domicilio fiscal en Luxemburgo, paraíso fiscal de la Unión Europea, según dice el mayor error de su vida, sino que también disponía de una cuenta de las llamadas offshore en Panamá, que solicitó reactivar hacia 2015. Pillado con las manos en la masa. ¿Qué alega en su descargo? Pues algo tan simple como que todos los españoles, sin excepción, pretendemos pagar al fisco lo menos posible; lo que es lo mismo: defraudamos siempre que se nos ponga a nuestro alcance soslayar la legalidad. En su aristocrática testa no se ha instalado el principio de contribuir de acuerdo con las rentas de cada cual, ser solidarios, aceptar que para que España sea posible, viva siempre España, España por encima de todas las cosas, se ha de pagar lo que a cada cual corresponde.

Bertín Osborne imparte cinismo a raudales, a quien quiera oírle atendiendo a sus poderosas razones. Tenía casa en Luxemburgo. Cuenta en Panamá. ¿Y España qué? Los sedicentes patriotas de andar por casa, españoles de salón, son los mismos, exactamente los mismos, que niegan la españolidad de quienes tenemos la suerte o desdicha, que nunca se acaba de saber, de no ser españoles como ellos (catalanes como Jordi Pujol y familia), de creer en otra España diametralmente diferente. Son inasequibles al desaliento. Hay espejo en el que verse reflejados: Juan Carlos de Borbón lo regala.

Acotación suma y sigue.- Cayetana Álvarez de Toledo, displicente, asegura que el PP no se atreverá a expulsarla. Iván Redondo afirma que Isabel Díaz Ayuso y Vox obtendrían 202 diputados. Los mismos que Felipe González cosechó en 1982. Pablo Casado suscita conmiseración. Anda perdido. Extraviado sin remedio.

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