Opinión
Sheriff
¡Viva la Champions! De no ser por la Liga de los Campeones del fútbol europeo no nos habríamos enterado de que existe un país que luce nada menos que el nombre de Transnistria, digno de Julio Verne o, a poco que la aliteración ayude evocando ecos siniestros, del conde Vlad Dracul que inspiró la obra, tan inmortal como el propio aristócrata, de Bram Stoker.
Transnistria viene a ser un proyecto separatista de Moldavia pero Transilvania queda cerca, pega más y, de hecho, supone un ejemplo de condado disidente que viene al pelo. Con el añadido de que Transnistria supone algo así como un museo viviente (o casi) de lo que era en términos estéticos y urbanísticos la Unión Soviética, enterrada ya pero a lo que se ve tan dispuesta a salir de la tumba como el Dracul aquél de traje de etiqueta, ávido de sangre —femenina, a poder ser— y que tolera mal la luz del sol. Por suerte los partidos de la Champions se juegan de noche. El que ha dado carta de identidad a la república de Transnistria lo celebraron ayer el Real Madrid y el equipo local, Sheriff de nombre, que supone una alegría para los estudiosos de la formación natural de los estados.
Fue uno de los más egregios pensadores neoliberales —y el más neoliberal de todos— Robert Nozick quien, mediante un libro titulado Anarquía, Estado y Utopía, tomó el relevo de los padres fundadores de la filosofía política para describir cómo a partir de cualquier situación anárquica se daría paso de forma inevitable al Estado. La razón originaria sería el deseo de los ciudadanos de proteger su vida y su hacienda con lo que surgirían como setas agencias protectoras capaces de funcionar como mafias incipientes. De la lucha, casi por selección natural, entre ellas saldría una triunfante y ésa se convertiría en el Estado. Planteada de tal forma la génesis, su justificación moral sería sólo la de la defensa, ya digo, de la propiedad privada; todos los demás impuestos que genere el Estado recién nacido carecen de justificación digamos natural y deben ser bendecidos por la ciudadanía. Pero, al cabo, las agencias protectoras hegemónicas que medran a la sombra del Estado se vuelven gigantescas multinacionales que todo lo poseen y lo controlan.
Con la omnipresente Sheriff sucede eso mismo: nació en 1993 como empresa de seguridad y reina ya sobre toda la economía de Transnistria. La ministra de exteriores de la república ha declarado —con orgullo, supongo— que Sheriff interviene en la elaboración de las leyes y establece la dimensión de los impuestos. Nozick, en su tumba, debe verse más que justificado. Pero los filósofos no son condes de etiqueta y les falta el don de la inmortalidad. Para eso hay que acudir al fútbol, otro de los fundamentos generadores de pasiones nacionales con las que adornar los Estados. Sin el fútbol, Transnistria nos seguiría pareciendo una novela olvidada de Salgari.
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