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Matías Vallés

Al Azar | A Casado le duele todo

Pablo Casado es el primer líder político que baja en las encuestas por culpa de la oposición dentro de su propio partido. Como el santo Job a quien empieza a parecerse, también el presidente nominal del PP puede exclamar agradecido que «Ayuso me lo dio y Ayuso me lo quitó, ¡bendito sea el nombre de Ayuso!» El teórico jefe de la oposición (ver más adelante) también es el primer líder descompuesto por un libro, anticuado artefacto escrito además por una diputada de su partido. De nuevo, nadie acusará a Cayetana Álvarez de Toledo de tibieza conservadora, o de repentina sumisión a los dictados progresistas.

En resumen, a Casado le duele todo. Cuando una lideresa uniprovincial y una exportavoz letrada descomponen a un aspirante a presidir España entera, la atención no debe centrarse únicamente en la crueldad interna, sino en la escasa plasticidad de un supuesto gobernante incapaz de poner orden en sus filas. Y si se alega que las díscolas fueron seleccionadas por su víctima, ahora asaeteada desde ambos flancos, se agrava su situación como gestor de recursos humanos. Entre la corrupción reciente y las taifas presentes, el PP se parece demasiado al desbarajuste que repudian los votantes de derechas.

Para calmar el nerviosismo creciente, y ante la imposibilidad de presumir de los dos peores resultados históricos del PP en unas legislativas, Casado invocaba ayer mismo encuestas que le conceden treinta diputados de ventaja sobre el PSOE. Es decir, se refugia en unas elecciones ni convocadas, obviando el preliminar de que hay sondeos para todos los gustos. En la última entrega del CIS, el presidente del Gobierno favorito de los españoles sigue siendo el vigente. Sin embargo, Yolanda Díaz figura en una destacada segunda posición, con unos números impropios de quien ni siquiera se ha proclamado candidata.

El dato anterior no puede inventarlo ni Tezanos, por lo que Casado ha perdido de facto el título de jefe de la oposición para cederlo a Yolanda Díaz, que encima está en el Gobierno. Tras la creación de la plataforma femenina de la vicepresidenta del ejecutivo, Casado señaló que el problema lo tenía Sánchez. En efecto, el líder del PP ni siquiera tiene un problema, porque se ha desvanecido por detrás de la ministra de Trabajo. Por no hablar de Ayuso y Cayetana.

En su situación actual, Casado ha de agradecer la ley educativa del Gobierno que elimina a los repetidores, porque en la «cultura del mérito» que propugna orgulloso habría descendido a la cuarta o quinta posición del cuadro de honor estatal. Debería esgrimir como excusa o consuelo que tampoco Aznar y Rajoy fueron portaestandartes creíbles en sus propias filas, y que Sánchez tuvo que desmantelar el PSOE antes de proclamarse presidente socialista. En cambio, Casado prefiere enredarse en imaginar un partido sin «solistas» y que no es un «talent show», cuando el problema no radica en saber si protagoniza un concurso de televisión basura. La cuestión es si va ganando.

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