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Miguel Vicents

La ola de los no vacunados

No se me ocurre argumento mejor a favor de la vacunación contra el coronavirus que comprobar la protección que el fármaco procura en este momento de expansión del virus y todavía máxima movilidad sin restricciones, cuando la incidencia ha vuelto a traspasar la frontera del riesgo alto, la velocidad de transmisión se ha acelerado y el porcentaje de población total vacunada se sitúa en Balears en el insuficiente 72,4%, todavía con un amplio margen de expansión.

Existe una simetría perfecta, a la luz de los datos, entre el aumento de la incidencia actual y los grupos de población que más han rechazado la vacuna. Es ahí donde se descubre que el fármaco protege a los vacunados y que lo hace eficazmente. Y que se expande entre los que todavía no se han enterado de qué va esto y se creen invulnerables. De modo que los nuevos positivos se producen precisamente en los grupos de edad más desprotegidos: la franjas de entre 40 y 49 años, de entre 30 y 39 años y de entre 20 y 29 años. El virus también crece muy por encima de la media en los menores de 16, con el fármaco prescrito solo a partir de los 12 años. Y tal como ocurrió con los mayores de 70, ahora el grupo de edad con menor incidencia, con un porcentaje de terceras dosis del 53%, aumenta de forma preocupante en la franja de edad de 60 a 69 años, con un porcentaje de vacunación alto, del 94%, pero cuya pauta completa ya ha empezado a perder eficacia, lo que supone un nuevo factor de riesgo. De ahí la respuesta inmediata de inocularles la dosis de recuerdo. No obstante, el porcentaje de ingresos hospitalarios entre el total de los positivos continúa siendo inusualmente bajo gracias también a la vacunación, del 3,7%, al igual que los ingresos en UCI, de solo el 1,3%.

Vacunarse, por tanto, es la mejor manera de no jugar a la ruleta rusa, de proteger la salud de las personas que nos rodean y de acelerar el paso para salir cuanto antes de esta pesadilla. Y ahora ni siquiera hay que hacer cola.

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