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Diario de Mallorca

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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Enrique Arnaldo pudre sin remedio el Tribunal Constitucional

La renovación de cuatro de los magistrados del TC se transmuta en el clavo que cierra el ataúd de su esterilización, lo emascula

Enrique Arnaldo pudre sin remedio el Tribunal Constitucional.

E l golpe recibido por quienes despectivamente se refieren al sistema político imperante en España desde la aprobación de la Constitución como «el régimen del 78» es muy duro. Que alguien de tan dudosas credenciales, por no tildarlo de coleccionador de corruptelas, como es Enrique Arnaldo pase a ser magistrado del Tribunal Constitucional (TC) conduce a las instituciones a una situación catastrófica, impulsa a los que dan por finiquitado el sistema político que alumbró la Transición al concluir la dictadura con la muerte (en la cama, detentando el poder hasta el final, de ahí las carencias que lastran el andamiaje constitucional) del general Franco el 20 de noviembre de 1975, 46 años transcurridos desde tan feliz efemérides. Enrique Arnaldo, propuesto por el PP, aceptado por el PSOE, se define sin que se requieran más indagaciones sabiendo que solicitó a Jaime Matas, compendio de corrupciones, que «ya me contarás lo de Panamá». Visto para sentencia. Lo sucedido ayer en el Congreso de los Diputados, donde se apreció la idoneidad del candidato para instalarse en el cargo por período de cinco años es el acabose de lo que considera el PP que es despolitizar las altas instancias jurisdiccionales, en el caso de Arnaldo el instrumento que interpreta si las normas se ajustan a la Constitución, el tribunal de garantías que alumbró la Segunda República (1931-1939) y que consideraron necesario recoger los constituyentes del 78, que, seguro, jamás columbraron que su iniciativa se degradaría hasta el extremo que encarna la designación de Enrique Arnaldo, siempre navegando entre los convolutos de portentos como Ignacio González y Eduardo Zaplana, además del mencionado Matas. ¿Por qué el PP, Pablo Casado, se enfanga hasta este punto? ¿Cuáles son las profundas razones por las que designa a alguien tan manchado cuando, en su ámbito ideológico, hay magistrados dignos y prestigiosos? Concluir que lo hace para garantizarse disciplinada obediencia no es descabellado ni mucho menos. Se constata con la elección de la segunda candidata, Concepción Espejel, la «querida Concha» de María Dolores de Cospedal, aceptada su recusación en el caso de la Gürtel por sus colegas de la Audiencia Nacional. Notable pareja la elegida por el PP que reclama con no menos notable cinismo la dignificación de las instituciones, alejarlas de la politización.

«Por sus obras los conoceréis» sentencia Jesús en el impresionante «sermón de la montaña», según reseña Mateo en su Evangelio. El PP de Pablo Casado es ya sobradamente conocido. Sus candidatos para el TC lo testan sin dejar espacio a la duda. El PSOE no queda exonerado. La excusa ofrecida por Pedro Sánchez diciendo que solo responde por sus candidatos denigra a los socialistas. Las renovación de los órganos constitucionales se ha de llevar a cabo, cierto, pero no pervirtiéndolos hasta la náusea. El PSOE es corresponsable de la inmensa trapacería perpetrada por el PP. Desde ayer cualquier atisbo de dignidad queda enterrado, el PP de Casado se queda sin átomo de autoridad moral para exigir ejemplaridad a nadie.

Hasta aquí llega el deterioro institucional. PP y PSOE están corrompiendo el sistema hasta su médula, lo dejan inerme ante los embates de quienes desean tumbarlo, que cada vez son más y mejor dispuestos. ¿Cuánto aguantará? Hay muertos que insepultos ofrecen apariencia de estabilidad largo tiempo. En esa tesitura se halla el régimen del 78, el que, a despecho de sus detractores, ha otorgado a España homologación con lo que se considera Estado de Derecho, con quien durante décadas se aspiró a asemejarnos: la Europa moderna, liberal, en la que se impone la democracia parlamentaria.

Se pudren las instituciones. Gentes como Enrique Arnaldo son de gran ayuda para ello. No es suya la culpa; lo es de quien lo propone y de quien acepta la propuesta. A ellos hay que dirigirse para indignarse ante tamaña impostura.

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