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JOrge Dezcallar

Cuando la paz pasó por Madrid

La España de hace treinta años tenía más presencia y mejor imagen el el mundo. Y más influencia. Por eso James Baker llamó una madrugada a Paco Fernández Ordóñez para pedirle que acogiera una Conferencia de Paz sobre Oriente Medio tan sólo diez días más tarde, hace ahora justamente treinta años. España fue la opción que eligieron los participantes después de rechazar las ofertas recibidas de Países Bajos y de Francia. España estaba de moda por una Transición política y social que maravilló a un mundo que esperaba que aquí sucediera cualquier cosa tras la muerte de Franco y entonces, en lugar de pelearnos como otras

tantas veces a lo largo de nuestra larga historia, pusimos en común cuanto unía a gentes tan dispares como Manuel Fraga y Santiago Carrillo para darle la vuelta al país y convertirlo de una dictadura en una democracia, de un país ñoño y cerrado en otro abierto a los aires que imperaban en nuestro entorno, de un régimen centralizado al más descentralizado de Europa, de expulsar emigrantes a acoger inmigrantes, de recibir ayuda internacional a darla con generosidad... y que había tenido también tiempo para elaborar la Declaración de Madrid sobre Oriente Medio que con la de Venecia, diez años antes, han sido los intentos más serios de dotar a nuestro continente de una política común sobre esa conflictiva región.

Madrid fue la gran oportunidad perdida para una paz entre israelíes y palestinos que allí se reunieron frente a frente por vez primera, junto con los demás árabes, y se dijeron lo que tenían que decirse bajo la presidencia de Bush (padre), Gorbachov y González. De Madrid arrancaron luego procesos de diálogo bilaterales y multilaterales que reforzaron más tarde la Conferencia Mediterránea de Barcelona y alumbraron el Proceso de Oslo hasta que descarriló, secuestrado por los radicales de ambos bandos que provocaron miedo en Arafat y el asesinato de Rabin .

El resultado hoy es que el conflicto israelo-palestino sigue en pie aunque haya pasado a un segundo plano detrás de otros más violentos que sacuden la región. Hoy los palestinos están peor que nunca porque los Acuerdos Abraham les han quitado el derecho de veto que antes tenían sobre la normalización de relaciones entre Israel y los países árabes y porque esta misma semana, sin ir más lejos, Israel ha decidido construir otras tres mil viviendas en los territorios palestinos que ocupa ilegalmente. Y sin justicia para los palestinos no habrá paz verdadera para Israel porque, como decía Napoleón, “con las bayonetas se puede hacer cualquier cosa menos sentarse sobre ellas”.

Por eso creo que hay que recordar aquellos días lejanos de 1991 cuando la Paz, con mayúscula, pasó por Madrid en lo que sigue siendo el mayor éxito diplomático de nuestro país.

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