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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Palma eternamente flagelada por los graffitis

Además de padecer problema endémico de suciedad urbana, Ciutat pecha con otro de parecida enjundia: calles y plazas pintarrajeadas por doquier

Vandalismo de autor en la muralla

En entrevista a José Hila hecha en la Ser, en la que los ciudadanos planteaban cuestiones al uso, el alcalde venía a reconocer que el asunto de la no ya proliferación, sino avasallamiento con el que los graffitis han hecho presa en Palma, es insoluble. Decía, con tono compungido, que le cabreaba sobremanera el incivismo que exhiben quienes (adolescentes casi todos) se dedican a pintarrajear fachadas y paredes que se ponen al alcance de sus sprays, al tiempo que exponía las dificultades que conlleva borrarlas; unas porque ensucian fachadas que son de especial protección y otras debido a que se requiere insoslayable colaboración de los propietarios de las fincas afectadas. Al bueno de Hila, al que hay que reconocerle educación y tono mesurado, atributos que no proliferan entre la clase política, lo que en los desabridos tiempos que vivimos no es poco, se le escuchó vencido, impotente ante lo que debe considerar perpetua tara con la que Ciutat ha de pechar. No es aceptable: hay que dar con la fórmula para acabar con los graffitis; quienes gobiernan Palma adquieren la responsabilidad de solventar situaciones como ésta; si aceptan que no son capaces lo prudente, lo que correspondería, es presentar la dimisión previa petición de las oportunas disculpas. No sucederá, ni ahora, ni antes, ni después, gobiernen socialistas, populares o Adventistas del Séptimo Día, que pasan por haber establecido hilo muy directo con el Altísimo. La impotencia penaliza, por justificaciones que se exhiban.

Ocurre que Palma está trufada de graffitis. Es recomendable largo y detallado periplo por sus calles, iniciándolo por el magnífico casco viejo, si se quiere por lo que fue barrio chino, de cuyo antiguo y añorado esplendor, que iluminó las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, desafortunadamente no resta desvaído recuerdo visual, para empezar a observar el destrozo, algunas en fachadas que debieran por su propia naturaleza permanecer impolutas. La congoja se apodera del paseante dotado de mínima sensibilidad a galope tendido. Después, convenientemente macerado el espíritu, trasladarse a cualquier barriada, alejarse progresivamente del centro, para observar puertas de garajes, más fachadas, edificios, todos marcados con la infame letra escarlata del graffiti. La flagelación obtiene máxima dureza al detenerse a contemplar algún edificio histórico, porque en él también aparece la marca de la bestia; lo que casi es peor: se intenta taparla deteriorando todavía más la fachada, caso de Sant Antoniet en la calle de San Miguel. Concluido el demoledor tormento, se obtiene la panorámica visión de lo que es Palma: ciudad sucia, presuntamente abandonada a su suerte. Peor imposible.

¿Qué hacer? ¿Cómo poner coto a tamaño desmán? Corresponde al gobierno municipal del alcalde Hila darnos respuesta, que no la tiene, pero debe evacuarla. No aceptamos que se diga que no la hay, que lo único que está en sus manos es minimizar la eclosión de pintadas, aceptar lo inevitable. En todas las ciudades, parece que las excepciones son mínimas y hay que ir a buscarlas a las sometidas al autoritarismo asiático, en las que la solución es muchísimo peor que la enfermedad (me quedo en la indigencia de Occidente que aceptar ser oronda, descerebrada hormiga en China), pero así y todo se convendrá que algo hay que hacer, que lo que sucede es estética y urbanísticamente insostenible. Así que alcalde Hila, actúe, deje los lamentos acunados su intimidad.

Acotación satisfecha.- Se nos anuncia que se va a remodelar la plaza de España; el inexistente pavimento se sustituirá por losetas que se supone serán más adecuadas, elegantes, que las colocadas por el PP en sus viejos, buenos tiempos; también se harán presentables los parterres. De la adosada suciedad no hablamos.

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