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Diario de Mallorca

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Josep Maria Fonalleras

Huir del mundo

Hay libros singulares y delicados que no saldrán nunca en las listas de los más vendidos. Son joyas de una extrema calidad, sobriedad y discreción. Piezas únicas, dignas del más alto reconocimiento. Es el caso de Fuga mundi, un librito editado por una casa humilde de Muro, Ensiola Editorial. Es la historia (real y también poética) de una monja de clausura, Magdalena Gamundí Pons, que vivió 46 años, a caballo del XIX y del XX, en el Convento de la Purísima Concepción de Palma.

Su vida no tendría interés, más allá de la continua dedicación a la oración, si no fuera porque nos legó una miniatura excepcional. Confeccionó una caja, con un cristal enmarcado, que contenía su propia celda, con todos los detalles, con la cama y las sillas, con un crucifijo, con las sábanas y la ventana y el rosario. Y con ella misma dentro, orante. Esta «vida minúscula», como escribe, uno de los autores que reflexionan sobre este «arte de la fuga en la sobriedad», nos llega con «el placer de la exigüidad». Hay todo un mundo en esta estampa menor. La cosa finita para hablar de la infinitud. La poesía. Como dice otro de los autores, Sebastià Perelló, «la dimensión poética de la minusculización».

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