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Cuando el alcalde Ramón Aguiló —bien añorado, por cierto, salvo por sus compañeros de partido que lo defenestraron— tuvo la idea de llevar a cabo el Parc de la Mar se insistió en las muchas discusiones que siguieron el propósito de recuperar la imagen de la catedral reflejada en las aguas de la bahía. En realidad no fue así al cabo porque el lago artificial que se montó a los pies de la seo estaba aislado del mar y ése fue uno de sus mayores problemas. Por más que se pensasen medios para comunicarlo con el exterior, las aguas confinadas no dejaron de dar quebraderos de cabeza. Es lo malo que tiene cualquier intento de enmendarle la plana a la naturaleza: termina siempre por fracasar.

Leo ahora en Diario de Mallorca que la propuesta del nuevo Plan General de Palma incluye la apertura del lago del Parc de la Mar a la bahía. Se hará mediante un canal que pasará por debajo de la vía urbana que prolonga el Paseo Marítimo hasta enlazar con la autopista del aeropuerto. Será, pues, una recuperación parcial porque la verdadera vuelta al pasado sería la de eliminar esa carretera y dejar que las olas lleguen por completo hasta la Catedral con el parque a sus pies.

Pero esa solución es inviable a causa del tráfico. Por mucho que la vía de cintura se construyese pensando en liberar el Paso Marítimo de su servidumbre de servir de carretera de enlace entre las zonas de poniente y levante de Palma, jamás logramos tal propósito. Una larga retahíla de urbanistas ha pensado y repensado la necesidad de convertir el Paseo Marítimo en eso, en un paseo, y a tal respecto se han llevado a cabo no pocas iniciativas como son las de la eliminación de carriles para los automóviles y camiones ganando espacio para las aceras. Pero no se logrado librar al paseo de todo el tráfico que va desde el muelle de Poniente a la autopista del aeropuerto. Así que a lo largo de una generación, la mía, nos hemos topado una vez y otra con la pared. Llegué a Mallorca cuando el Paseo Marítimo sólo era una sucesión de bloques pendientes de recibir el remate de asfalto, así que nosotros hemos creado el problema y no terminamos de dar con la solución.

El Paseo Marítimo transformó por completo la concepción urbanística de Palma. Tuvo aspectos magníficos, como el de abrir la ciudad hacia la bahía, y otros pésimos, como el de montar una carretera de tráfico intenso junto a las aguas. El lago del Parc de la Mar y sus propias pesadillas no son sino la prolongación natural de la revolución que concibió e impulsó el ingeniero Gabriel Roca. Si la propuesta del nuevo Plan General se plantease la necesidad de volver a la fachada marítima de antaño debería remodelar no sólo el Parc de la Mar sino el propio Paseo Marítimo. Mucho me temo que no contamos con suficientes alforjas para ese viaje.

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