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JOrge Dezcallar

El gas argelino

Con el precio de la luz en plan escalador del Everest, la estabilidad y fluidez de nuestros suministros de gas así como el aumento de la inflación hasta el 4% deben preocuparle a cualquiera con dos dedos de frente. Y ahora ocurre algo que potencialmente podría afectar en un futuro inmediato a la llegada de gas argelino a nuestras costas en las cantidades que necesitamos o podemos necesitar. El asunto es serio sin necesidad de caer en alarmismos inncecesarios.

La culpa la tiene la mala relación que hay entre Argelia y Marruecos desde la misma independencia de Argelia y su negativa a rectificar las fronteras con Marruecos heredadas de la colonización francesa. La derrota de este país en la «Guerra de las Arenas» complicó aún más las cosas, con Rabat optando por occidente, en especial EE UU y Francia, y Argelia por el Tercer Mundo y la Unión Soviética. Más tarde el apoyo argelino al Frente Polisario y a la República Árabe Saharaui Democrática aumentó la inquina de Rabat hacia su vecino, hasta que en 1994 Argel cerró su frontera con Marruecos tras ser acusada de complicidad en un atentado terrorista en Marrakech. Veintisiete años más tarde esa frontera sigue cerrada, impidiendo que prospere la Unión del Magreb Árabe que podría haberse convertido en un buen interlocutor para la Unión Europea.

Cuando Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de que Rabat estableciera relaciones diplomáticas con Israel, Argel lo condenó y su malhumor aumentó cuando el ministro de Exteriores israelí visitó Rabat y criticó desde allí con dureza a Argelia. Como Biden no ha cambiado de postura, Marruecos se siente fuerte y eso le llevó a cometer el error de pelearse primero con Alemania y después con España con la pretensión de que siguieran los pasos de EE UU. Cuando esa apuesta falló decidió aprovechar la debilidad de su vecino, con un régimen con muchos problemas internos y contestado por manifestaciones desde hace un año, para presionar también a Argelia hará que este país se ha revuelto cortando las relaciones diplomáticas e impidiendo el sobrevuelo de su territorio por aviones marroquíes.

Pero Argelia acaba de tomar otras decisiones que nos afectan a nosotros porque ha insinuado que a fin de octubre dejaría de exportar gas por el Gasoducto Magreb-Europa (GME) que atraviesa 450 kilómetros de territorio marroquí y que es fruto de un acuerdo entre España, Argelia y Marruecos. Con esta medida Argel quiere impedir que su vecino obtenga a precios por debajo de mercado el gas que hoy le proporciona 45% de sus necesidades y la generación del 12% de su electricidad, con la ironía añadida de que a lo mejor Marruecos tiene ahora que acabar importando electricidad producida en nuestro país con gas argelino. Sería el colmo. También quiere privarle del dinero que percibe por derechos de tránsito del gas por su territorio, que oscila entre los 50 y los 200 millones de dólares según los años.

Esto nos afecta porque España importa de Argelia el 50% del gas que consume. El 60% por GME y el otro 40% por Medgaz, que es el otro gasoducto que va desde Haasi R’mel a Almería por el mar de Alborán. Entre ambos gasoductos tienen una capacidad de transportar 16.700 millones de metros cúbicos anuales y aunque en 2020 solo compramos a Argelia 9.000 millones de metros cúbicos y Medgaz aumentará en enero su capacidad de transporte de 8.000 a 10.000 millones de metros cúbicos, si el GME queda fuera de servicio Argelia tendría problemas para aumentar sus exportaciones por encima de esos 10.000 millones de metros cúbicos anuales en caso de emergencia. No hay que alarmarse porque tenemos fuentes alternativas del gas que necesitamos para producir el 17% de nuestra electricidad, pero con el actual precio de la factura de la luz lo último que nos hace falta son sobresaltos al respecto. Por eso es de esperar que fructifiquen los esfuerzos que hacemos los españoles para convencer a argelinos y marroquíes con objeto de que pongan el gas al margen de su disputa bilateral y evitar así el peor escenario el próximo 31 de octubre. Eso explica la visita a Argelia el pasado jueves la misma semana de nuestro ministro de Asuntos Exteriores acompañado por los presidentes de Enagás y de Naturgy.

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