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Antonio Papell

El futuro de Podemos

El liderazgo objetivo de Yolanda Díaz tras la marcha total de Pablo Iglesias ha generado lógicamente ciertos movimientos telúricos en este ámbito ideológico confuso que trata de incluir al populismo progresismo y a la izquierda tradicional del PCE, aunque ha sido inevitable la escisión de Más Madrid (Más País en el Estado) encabezada por Errejón, autor intelectual del Podemos inicial.

Tales movimientos se han acrecentado cuando, recientemente, en el acto de conmemoración del centenario del PCE, Díaz anunciaba su intención de encabezar un nuevo proyecto político, inclusivo de todas las corrientes y especificidades abiertas alrededor de UP. Sus compañeros de tribuna en aquella declaración eran los secretarios generales de UGT y de CCOO, Unai Sordo y Pere Álvarez, y el secretario general del PCE, Enrique Santiago.

Yolanda Díaz, con un estilo sobrio que contrasta con la exaltación actual de la política, ha conseguido altas cotas de aceptación en el ejecutivo, donde representa serenamente el ala radical de la coalición que firmó con el PSOE un pacto que ha resultado altamente productivo y que con seguridad habrá que mantener en el futuro. Entre otras razones, porque si en los noventa España parecía inmune a las crisis y barajaba la idea de los ciclos largos de Kondrátiev que le asegurarían décadas de prosperidad, hoy las dos graves crisis que hemos vivido consecutivamente han reforzado la idea de que es necesario para los menos pudientes, que cada vez son más, un estímulo radical que acompañe a los socialistas.

El apoyo que recibe Díaz es también social, como se advierte en las encuestas. Pero choca con algunos inconvenientes que se traducen en unos ruidos todavía poco audibles en su propia organización. Uno de ellos es su confusa legitimidad de origen, ya que fue designada a dedo por Iglesias como sucesora en una organización que ha organizado elecciones hasta para aprobar la compra de una determinada vivienda por los líderes. Probablemente había un gran consenso en torno a la figura de la sucesora si se retiraba el fundador, pero aunque solo hubiese sido por estética hubiera sido conveniente dotar a la sucesión de una cierta colegialidad.

El otro ruido que se percibe, soterrado, es su origen comunista, que es de larga trayectoria (lleva 18 años en esta militancia), lo que la mantiene fuera de la órbita fundacional de Podemos (es más, se dio de baja en UP, conservando solo la adscripción comunista). Díaz, sin embargo, ha cuidado este problema de situación por el procedimiento de ganarse a las organizaciones territoriales y de abundar en la comunidad de intereses y en la cercanía de los objetivos y los principios. Los pata negra de Podemos condescienden con esta visión pero con matices. Así, esta pasada semana, la ministra Irene Montero, explicaba en los pasillos del Congreso la conveniencia de formar un «frente amplio», siempre y cuando Podemos sea la «nave nodriza» del nuevo espacio. «Todos y todas estamos implicados en hacer a Yolanda Díaz presidenta», concluyó para evitar equívocos.

En una línea parecida, Juan Carlos Monedero, encargado de preservar las esencias fundacionales de Podemos, escribía en Público sobre el encaje de la vicepresidenta segunda: «Con Yolanda Díaz trabajamos de forma muy estrecha en construir ese frente amplio, ese espacio que pueda involucrar cada vez a más sectores de nuestra sociedad, más hombres y mujeres, que están determinados a hacer a Yolanda Díaz la presidenta de este país, a que nuestro espacio político sea el espacio mayoritario en el Gobierno de nuestro país». Monedero negaba sin embargo la utilidad de las ‘listas tipo Macron’, heterogéneas, como la que encabezó Carmena en Madrid.

Queda aun bastante tiempo para las próximas elecciones, pero en el momento actual del país, en que la coalición de izquierdas se demostrado funcional, la cohesión de este espacio político a la izquierda del PSOE, formado por Unidas Podemos, Más País, los Comunes, Compromís, etc. será decisivo cuando llegue el momento de preguntar a los ciudadanos cuál ha de ser el futuro político. Díaz, por su parte, ya ha avisado de que si se genera polémica a su alrededor, se irá. Un desprendimiento que probablemente sea la principal razón para preferirla.

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