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Antonio Tarabini

Entrebancs | La ciudadanía también piensa, opina y exige

Han pasado más de 20 años, abril 2001, de la edición del primer número de Quaderns Gadeso; cuyo objetivo era, y sigue siendo, conocer y evaluar las opiniones y propuestas de nuestra ciudadanía referidas a las diversas realidades sociales, económicas, cívicas, culturales, políticas (…) que conforman nuestro presente y futuro.

El último número (QG 404) está dedicado a profundizar «la opinión ciudadana sobre el turismo»: sus fortalezas y debilidades, su rentabilidad socioeconómica, así como sus perspectivas presentes y futuras. Sin olvidar que los hay, haberlos haylos, que consideran que tales opiniones ciudadanas son inútiles, peligrosas y turismofóbicas. Olvidando que en nuestra Comunidad el turismo afecta, directa o indirectamente, en mayor o menor medida, al conjunto de nuestra sociedad, y en consecuencia tenemos derecho a opinar e incluso a exigir sobre «nuestro» turismo.

En todos los análisis realizados desde 2001 es opinión generalizada, pero en descenso, que el turismo es la base de nuestro bienestar. La mayoría no está en contra de la actividad turística. Pero se denuncia la excesiva dependencia (84%), así como una masificación creciente (74%) que hipoteca (74%) nuestro patrimonio natural y cultural. Botones de muestra: Caló des Moro, el Faro de Formentor, suma y sigue. Sin pasar por alto el denominado turismo de los «excesos»; no en vano se considera (con razón o sin ella) que un 40% «nos elige como destino turístico para emborracharse». Y sigue creciente la inquietud (77%) por la concentración masiva e intensiva de la actividad turística en la temporada alta (aún reconociendo iniciativas de alargarla) con su consiguiente contratación de mano de obra intensiva con contratos temporales/precarios.

La ciudadanía considera que el «futuro» no puede ser más de lo mismo. Nuestra competitividad no puede basarse en oferta de sol y playa a precios «competitivos» para millones de turistas. Es imprescindible cambiar el chip, el objetivo debe ser la excelencia en el sector turístico, innovando en producto y calidad, además de diversificar la oferta más allá del sol y playa, que permita desestacionalizar el sector. Pero no todo queda ahí, hay también que cuidar la «gallina de los huevos de oro», gestionar con eficacia los recursos naturales y el territorio. Sin duda, el aumento de la competitividad de nuestro sector turístico debería fundamentarse también en la mejora de la calidad en la prestación de los servicios, que implica mejoras en las condiciones laborales y a escala salarial, formación del personal y estabilidad del puesto de trabajo.

La ciudadanía no se muestra optimista por un cambio cualitativo de nuestro modelo turístico. Los/as ciudadanos/as en su conjunto no tienen una visión demasiado entusiasta, especialmente, ante la desestacionalización (28%). La estacionalidad sigue siendo una asignatura pendiente, y más después de la pandemia de la covid19. El alargamiento no supone un cambio en el modelo, aunque se reconozca que se han hecho esfuerzos para innovar y diversificar la oferta. También se considera un grave problema la insuficiente gestión de los recursos naturales y el medioambiente (-8%).

Resulta muy significativa la opinión ciudadana sobre los indicadores «de empleabilidad» que a raíz de la pandemia han empeorado. La creación de nuevos puestos de trabajo es negativa (-3%). Los salarios siguen siendo un problema, aunque esté vigente un convenio sectorial positivo. Queda pendiente un replanteamiento serio y coherente de las condiciones de trabajo contractuales (temporalidad / precariedad, a tiempo parcial). Sólo una reconsideración de las cargas de trabajo puede conducir a la creación y consolidación de un empleo estable y de calidad. Tales ítems, entre otros, son fundamentos para que nuestra actividad turística, económica y social sea sostenida y sostenible a medio y largo plazo.

Concluyo con la valoración que hacen los ciudadanos sobre la situación del sector turístico a corto y a medio plazo. A corto plazo se valora una cierta reactivación (regular 70%); pero a medio plazo, el mes de octubre, provoca inquietudes (63%), tales como renovación de los ERTE y los fijos discontinuos.

La pandemia ha afectado directamente a nuestra actividad básica, el turismo, provocando un crack cuyas consecuencias estructurales estamos padeciendo, aunque se haya conseguido una cierta reactivación es insuficiente. Más aún, la crisis generada por la pandemia de la covid-19 ha demostrado la gran debilidad y vulnerabilidad de nuestra economía frente a situaciones de crisis mundial y/o en nuestros mercados de origen. Hay que dirigir nuestros esfuerzos a decidir qué modelo productivo nos permitirá, sin dejar de lado el turismo, hacer frente a los embates de la globalización, con sus retos medioambientales y climatológicos. Es necesario buscar nuevos yacimientos de empleo en el mismo sector turístico, generar iniciativas empresariales que no dependan en exclusiva del turismo, hay que dotar a las familias de puestos de trabajo de calidad y con salarios dignos. Y me preocupa, no lo explicita la ciudadanía, que se esté creando un clímax (falso según mi parecer) basado en la probabilidad de volver a recuperar los hitos turísticos del 2019.

Para ello es imprescindible llegar a un consenso tanto político como económico y social, alejado de electoralismos baratos, y que incluya a diversos agentes representativos (políticos, sindicatos, patronales, asociaciones/organizaciones cívicas). Algunas luces se perciben en el final del túnel.

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