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Aracely R. Robustillo

Más bien ‘bullies’ que ‘influencers’

Mal vamos si después de tantos meses todavía no ha calado el mensaje de que «este virus lo paramos entre todos»

Ilustración INGIMAGE

Ahora que tan de moda está esa mal llamada ‘profesión’ que es la de los influencers, deberíamos ser más conscientes que nunca del impacto y la huella que pueden tener los actos y el ejemplo de ciertas personas. Y esa relación de ‘admiración’ y espejo es más fuerte todavía cuando son los hijos los que se miden en el reflejo que les llega de sus padres. Por eso es difícil entender en qué estaban pensando los de las dos alumnas del colegio Alba Plata de Cáceres, cuando decidieron mandarlas a clase sin mascarilla. Porque ir contra el sistema en general, puede ser una tendencia valiente y hasta romántica que legar a nuestros retoños, pero cuando con ello se daña o se puede dañar la salud de otras personas, no somos influencers sino bullies.

Desconozco si esta madre y su pareja son coherentes en otros aspectos de su vida con ese negacionismo que, al parecer, está detrás de esta maniobra que ha puesto patas arriba a la comunidad educativa extremeña, a las autoridades y a sus pequeñas, en la picota. No sé si en su día a día ellos mismos van a trabajar sin tapabocas, o hacen gestiones, compras o atienden citas médicas sin cumplir con las restricciones establecidas. No sé si han tenido que renunciar a cosas por ello, si han sido expuestos, criticados y han tenido que apechugar con las consecuencias, pero en cualquier caso, como adultos que son, tienen potestad para hacerlo, pese a que sea egoísta, reprobable y punible en este caso. Otra cosa es lo que están afrontando sus hijas por sus ‘creencias’. Primero las alejaron de sus compañeros, las apartaron y las señalaron. Luego sus profesores se negaron a enseñarles en ese contexto de exclusión, más tarde directamente se les negó la entrada al colegio. Todos los focos se han puesto en ellas y a su tierna edad han acaparado titulares en informativos y diarios de toda España. Y si ahora, sus padres se empeñan en alargar la situación, tendrán que afrontar la posible acusación de absentismo escolar y el caso puede acabar en los tribunales.

Está claro que cada uno elige sus batallas, y actitudes como estas han sido objeto de atención de los medios en más de una ocasión desde que empezara la pandemia. Famosos y no famosos buscando su momento de gloria, nadando contra corriente desafiando las normas de la salud pública y lo establecido, con opiniones y actitudes que han sido más motivo de burla que de reflexión, pero en el momento en el que son niños los afectados por el libre albedrío de sus mayores, se cruzan líneas que deberían ser sagradas y debe haber consecuencias. Porque es muy distinto plantarle cara a la directora del colegio, que hacer frente a la Fiscalía Superior de Extremadura, que en estos momentos estudia los pormenores del caso. Y cuando se trata de sentar un ejemplo, el sistema no se anda con chiquitas, porque hay que evitar como sea que una iniciativa aislada se convierta en tendencia.

Estamos a una semana de que se den por terminadas oficialmente todas las restricciones, porque según las autoridades sanitarias y no sanitarias, tenemos que volver a la ‘nueva normalidad’. Los casos han bajado y las muertes, también. Y aunque todo apunta a que el uso de mascarilla se va a mantener más tiempo, lo mismo de aquí a un par de meses cambia la situación. Lo hemos visto con diferentes medidas de seguridad y ya pasa en otros países europeos, que los niños acuden a los colegios sin ella. Y estos padres que han decidido convertir a sus hijas en sus particulares campeones en esta justa, se darán cuenta de que han hecho más daño que otra cosa. Porque como referentes que son para sus pequeñas, el mensaje que les están transmitiendo es el de ser bullies e imponer la voluntad individual o familiar a la colectiva en un tema en el que la salud de muchos está en juego.

Mal vamos si después de tantos meses todavía no ha calado el mensaje de que «este virus lo paramos entre todos». Cada uno tiene que hacer su parte, con la mascarilla, con la vacuna... y los niños han sido sin duda de los que mejor han cumplido, en las escuelas y fuera de ellas. Una pena que algunos mayores no sepan estar a su altura. Y una suerte que, de momento, la iniciativa no haya tenido muchos followers, sino todo lo contrario.

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