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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Isabel Díaz Ayuso provoca el pánico en el PP de Pablo Casado

La dirección nacional del PP empieza a percibir las ondas sísmicas del terremoto, no se conoce qué magnitud alcanzará, que desencadena la presidenta de Madrid

Isabel Díaz Ayuso provoca el pánico en el PP de Pablo Casado.

Isabel Díaz Ayuso provoca el pánico en el PP de Pablo Casado.

Que la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha desatado el pánico en la dirección del PP al anunciar que opta a presidir el PP de Madrid ha quedado plasmado al sacar a relucir el secretario general Teodoro García Egea el asunto de la corrupción del partido para darle en la cara a Esperanza Aguirre, que actúa de belicosa avanzadilla de las huestes ayusistas lazandas a conquistar primero la organización en Madrid y después todo el partido, si el PP se gripa. Lo teme el atribulado Pablo Casado, que en su huida hacia no se sabe a dónde llega a despotricar desabridamente contra los intereses de España ante sus colegas del PP europeo, que boquiabiertos asistieron en Berlín, en la despedida de la gran Angela Merkel, a la perorata del político español. Las derechas hispanas bramarían raudas, calificarían raudas de vendepatrias a quien, gobernado ellas, osara ejecutar tamaño desafuero, traición a los intereses de España. Esperanza Aguirre ha dicho de los actuales dirigentes del PP que son algo así como imberbes niñatos incapaces de armar una oposición sólida, contundente. Señala la antaño lideresa, que no se atrevió a llevar hasta el final su animadversión hacia Mariano Rajoy, que Isabel Díaz Ayuso debe ocupar la presidencia del PP de Madrid, que lo que sucede ahora es una llamativa anomalía. Los nervios a flor de piel en la sede de Génova, que sigue sin ser abandonada por Casado, cuando se supo de la intenciones de Díaz Ayuso, el mandoble de Aguirre los ha desatado por completo. Alguien tan sobrevalorado como el alcalde de Madrid Martínez Almeida pudo balbucear que lo de niñato no iba por él. Parece que se le disipan las intenciones de competir con Ayuso. Casado puede obligarle a recibir seria cornada por intentar frenar a la presidenta madrileña, que, dato no menor, atesora mucho más poder institucional que el presidente nacional de su partido.

Qué pretende Isabel Díaz Ayuso. Se circunscriben sus ambiciones a presidir el PP de Madrid. Conociendo a quienes la asesoran, qué sector de la derecha la jalea, cuáles son sus relaciones con los hermanos separados de Vox, es poco dudoso que su perspectiva está puesta en hacerse con el control del partido a poco que las circunstancias le sean propicias. La apabullante victoria obtenida en las elecciones autonómica, desarbolando al PSOE, vaporizando a Ciudadanos, la parapetan ante intentonas del grupo dirigente del PP encaminadas a constreñirla. La inusitada zozobra de la dirección nacional se constata en el hecho de haberse dirigido a cuatro de los consejeros del Gobierno de Ayuso para que cierren filas en su contra. Casado no la quiere presidiendo el PP de Madrid, porque ve venir que pretende apiolarlo si no consigue desbancar a Pedro Sánchez en las elecciones de 2023, en el supuesto de que llegue a la fecha en condiciones de disputarlas. Se aferra a las favorables encuestas, las que han empezado a sonreírle desde el apoteósico triunfo de Díaz Ayuso, que, en todos los sondeos, sale mucho mejor valorada que Casado.

Es chocante que cuando mejoran las expectativas, en el PP, después de años de vagar por tierra de nadie, se desate cruenta batalla interna en el feudo por excelencia de la derecha española, en Madrid. No hay dudas de hasta dónde quiere llegar Díaz Ayuso, desconocemos hasta dónde piensa escalar la contienda Pablo Casado y los suyos para atarla en corto. Tienen muy acotada la capacidad de movimiento: no es posible ir a degüello a por ella. Está fuera de discusión. El suicidio sería grandioso espectáculo que el PP no protagonizará. Antes cederá Casado. Algo tendrá que discurrir para establecer un sistema de convivencia con la presidenta madrileña. Rajoy lo hizo con Aguirre, que antes había liquidado a Ruiz Gallardón. Ocurre que Díaz Ayuso, aprendida la lección de amagar y no dar, se dispone a ir a por todas: posee proyecto, quiere realizarlo. Es el de la derecha dura en la que también está Casado, solo que carece de los mimbres de Ayuso.

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