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Antonio Tarabini

Entrebancs | Caminando ¿hacia la normalidad?

Mi última colaboración, Caminamos, ¿pero hacia dónde?, partía de un mayoritario consenso de que la covid tiene carácter global. «Pandemia extensa e intensa que ha afectado no sólo a nuestra salud personal y colectiva, sino también ha modificado nuestros modos de vivir y convivir, y ha puesto en crisis nuestros vigentes modelos socioeconómicos».

Mis reflexiones se basaron fundamentalmente en el ámbito socioeconómico: en sus índices positivos de recuperación de la actividad turística (ocupación, gasto y ocupación); pero tal realidad no nos garantiza la salida de la profunda crisis, que exige una revisión profunda del vigente modelo turístico. El contenido mereció cierto debate, positivo y/o negativo en las redes y a través de contactos personales. Unos calificaban de turismo/fóbico el diagnóstico de nuestra realidad turística. Otros consideraron positiva una reflexión estratégica que revise nuestro vigente modelo turístico. Sin pasar por alto a los que, básicamente de ámbitos empresariales, centran sus iniciativas en la recuperación de los éxitos de 2.017/2.019. Ocasión habrá para seguir el debate.

En referencia al ámbito sanitario la covid sigue viva y coleando, aunque distintos indicadores están poniendo freno a una Quinta Ola. La vacunación resulta positiva, aun reconociendo una cierta animadversión creciente a su aplicación. A su vez surge una demanda de una tercera dosis para curarnos en salud, en nuestra Comunidad se aplicará a los pacientes immudeprimidos. Sin embargo no son pocos los expertos, incluida la OMS, que consideran urgente la extensión de las vacunas a los ciudadanos/as de países (Africa, Asia, Centro América y del Sur) cuya implantación de la vacuna es ínfima. En su caso tal extensión no sólo debe ser fruto de un mínimo de solidaridad, sino también por razones de defensa de nuestros niveles sanitarios, dado que la Covid facilita la aparición de variantes con contagios extensivos e intensivos.

En mi anterior artículo me comprometí a centrar mi reflexión en la mal denominada Nueva Normalidad, que no sólo afecta a los ámbitos sanitarios y socioeconómicos sino también a nuestra cotidianeidad, a nuestros modos de vivir, convivir y coexistir. Se nos está diciendo que vamos a tener que adaptarnos a una serie de medidas de higiene y eso incluye renunciar a costumbres muy arraigadas, como compartir unos vinos o saludarnos con besos y abrazos. Deberíamos poder recuperar las relaciones personales próximas y físicas. Los abrazos y los besos no deberían quedar limitados a los muy cercanos, y a ver cuántos son los valientes que se atreven a darle la mano a un desconocido cuando se lo presenten. Deberíamos recuperar nuevas aperturas en las relaciones sociales, el ocio y el espectáculo. Las Redes suplen al tocadiscos, la calculadora, el libro, el diario, el mercado, la radio, la televisión, el cine, el teléfono, la libreta, el naipe, el mapa, el correo y suma y sigue. Y también afecta a nuevas formas y maneras de empleo, de desarrollo profesional; el teletrabajo ha llegado para quedarse, y habrá que ver cómo nos cambia.

Incluyo un breve comentario referido a la ceremonia de la confusión que ha provocado el cabreo de parte significativa de la ciudadanía, especialmente los más jóvenes, que pretenden recuperar el espacio público, la calle. No pretendo justificar el botellón y menos la violencia, sino únicamente intento explicar el porqué. En Balears, el 40% de nuestros jóvenes no tienen trabajo; incluso a los/las jóvenes activos profesional/laboramente les resulta imposible el acceder a una emancipación real concretada en un acceso a una vivienda de alquiler a precio asequible; sus perspectivas de futuro son inexistentes. No es una anécdota la tasa de suicidios que afecta a tal segmento de población.

En este escenario es preciso un esfuerzo personal y colectivo para reformar nuestras fallidas instituciones y resolver inequidades económicas y sociales que se han vuelto endémicas. Es necesario fortalecer el papel del saber, del experto, y de la ciencia en la toma de decisiones; así como reforzar la resiliencia de nuestros sistemas económicos, políticos y sociales. No podemos limitarnos a aceptar la polarización creciente y el colapso de la confianza pública.

Dícese que una crisis puede convertirse en una oportunidad. Esta puede ser una ocasión única. Apostemos por una Normalidad sostenida y sostenible. Sin mirar con nostalgia hacia atrás, la Vieja Normalidad insostenible. Recuperar la Normalidad no es reproducir los «modelos» del boom turístico de los entornos del 2.018/19. Es muy posible que sea una realidad que «Balears lidera la recuperación turística e impulsa su economía»; pero nuestra crisis no es coyuntural, es estructural.

A modo de conclusión: cuando se habla de Nueva Normalidad no es tal, simplemente porque la pandemia no tiene nada de normalidad.

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