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Hace casi ya dos siglos Mariano José de Larra, escribió en la madrileña Revista Satírica de Costumbres, unas letrillas bajo el título de Vuelva usted mañana. A los que lo han leído no hará falta que les describa la negativa especial visión que Fígaro tenía de toda aquella labor administrativa que requiriera algún trámite de papeles en la Villa y Corte de su época; a los que todavía no han acudido a su lectura les recomiendo que utilicen algunos pocos minutos de su tiempo, necesarios para dejarse caer entre sus líneas y observar como un artículo de 1833 mantiene hoy toda su actualidad.

¿Que porque mantengo tal cosa?, pues por propia experiencia. Les cuento. Hace unas pocas fechas se me ocurre infaustamente presentar un escrito en la oficina de Registro de la Delegación del Gobierno en Ciutat; entro en el edificio ante la atenta mirada del Guardia de puerta, y al observar la sala vacía de «esperantes» y las mesas de registro tan solo ocupadas por dos funcionarios, mano sobre mano, me atrevo a solicitar que se reciba y registre mi escrito. El funcionario al que me dirijo me pregunta si tengo cita previa, le digo que no sabía que fuera requerido tal laissez passer actual. Abre los ojos con sorpresa y me dice que sin cita previa, no hay recepción de escritos. Le hago ver que a pesar de mi horrible crimen no hay nadie esperando y que no parece que la recepción de un escrito de tres folios vaya a causar gran distorsión al sistema. Me mira con displicencia y por toda respuesta se pone a rebuscar en su mesa por más tiempo del que le hubiera ocupado el recibir el escrito y me facilita un papel con la información de la pagina web en la cual teóricamente se consiguen las imprescindibles citas previas además de indicarme que también se pueden solicitar en el número de teléfono 060.

Y a partir de aquí el esperpento. En el dicho teléfono se hace más fácil conseguir una cita con Charlize Theron que una con el caballero funcionario de aquella mesa registradora. La primera sorpresa que se lleva el solicitante es que pedir una cita a un servicio público no es, como podría esperarse, gratuita, no, la llamada es de pago, lo cual ya tiene bemoles. La segunda situación de asombro es que por mucho que se gaste uno el dinero en hacer llamadas a ese número con la intención de conseguir esa obligada cita previa, la maquinita que contesta, después de dar un montón de información de escaso interés para solicitante, seguramente con el objeto de alargar el precio de la llamada, o le dice que no hay citas para ese servicio de registro o bien manda a este vecino de Esporles a una oficina ubicada en Menorca, y así una y otra vez, sin solución de continuidad.

Si el ciudadano solicitante, bien acabada su paciencia o escaso de voluntad de terminar gastando su dinero en telefonemas inanes, prefiere acudir a la cibernética, consigue igual resultante. El logaritmo de la pagina, después de hacerle rellenar varias páginas «pantalleras» con sus datos, le informa que tampoco tiene citas para ese servicio, pero no le informa de cuándo tendrán citas, tan solo le dice que le mandarán el justificante de su petición y le remitirán un correo anunciándole a cuantas citas puede optar el solicitante; bueno, pues ni lo uno ni lo otro, lo cual era esperable pues la propia página, con venerable sinceridad, anuncia que tiene problemas para hacer llegar los avisos a los peticionarios.

Vanos intentos que se extienden por un periodo de seis días, sin más resultado que proporcionar al fracasado solicitante un estado de lánguida frustración. Llegado a este punto acudo a la antigua costumbre de llamar por teléfono a la Delegación misma en busca de solución, Una ambla señora me indica que es normal que la maquina me conceda cita para Menorca porque lo hace por defecto, supongo que querría decir por defectuosa, y cuando le indico que no comprendo esa carencia de citas cuando pude ver perfectamente que en la fecha en la que fui no había nadie esperando ni una cola que diera la vuelta a la manzana tan solo logro un silencio largo y ausente. Con tal ausencia de comunicación sugerí que solo me quedaba acudir a Correos para mandar el escrito por burofax, entonces me indica que existe un denominado servicio de correos llamado ORVE.

No me dirán ustedes que no es digno del mejor Berlanga el que para presentar un escrito en la Delegación de Gobierno haya que acudir a Correos, es decir al edificio vecino. Así que ya ven, me voy al edificio de la lado para mandar un escrito al edificio de al lado del de al lado. Escasos metros de separación y viaje documental que me salen a otros siete euros por el servicio ¿público? prestado.

Toda esta situación trae exclusiva causa de la extrema puntillosidad de un funcionario cuyo salario, conjuntamente con ustedes, paga este obligado contribuyente y de la inoperancia de un sistema que no rula. Ahora ya no se utiliza por parte del españolito con algún poder burocrático el «vuelva usted mañana» larriano, la frase que recibe el que acude a la ventanilla de turno para así denegar cualquier otra indeseada actuación es ¿tiene usted cita previa? Las frases son distintas pero la intencionalidad es muy pareja.

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