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Juan José Millas

Tierra de nadie | La autoridad

-Entre los seres humanos y los gatos -reflexiono en voz alta- hay un acuerdo extraño según el cual son ellos los que nos deben tener miedo. Un gato enfadado, sin embargo, pone los pelos de punta a la persona más templada. ¿Entonces?

- ¿Entonces qué? -pregunta mi psicoanalista.

-Pienso -digo- que se dan en la vida muchos malentendidos de este tipo. Quizá yo tengo miedo a cosas que deberían tenerme miedo a mí.

- ¿Qué cosas? -insiste ella.

-No sé, cosas en general. Ahora no se me ocurre ninguna, pero intuyo que entre el mundo y yo hay un malentendido fundamental del mismo tipo del que obliga a los gatos a huir de las personas y no al revés.

-Si no se explica usted mejor…

-Entre usted y yo, por ejemplo, ¿qué pasa?

-Dígamelo usted, qué pasa.

-Pasa que yo le concedo a usted una autoridad fantástica.

-Fantástica en qué sentido.

-En el sentido de alejada de la realidad. Es posible que usted tenga más conflictos que yo.

-Es posible -admite ella.

-Sin embargo, yo estoy en el diván y usted en la silla.

- ¿Quién o qué le ha obligado a elegir el diván?

-Lo mismo que ha obligado al gato a elegir el lugar del miedo.

- ¿Quiere decir que usted ha elegido el lugar del miedo?

-Sí, yo he elegido desde siempre el lugar del miedo -afirmo.

- ¿Desde niño?

-Sí.

-Miedo a qué.

-No sé, miedo a no poder respirar, por ejemplo. Miedo a ir y venir del colegio, miedo a que se murieran mis padres…

-Tengo la impresión de que está descubriendo ahora mismo algo importante.

-Sí.

-Entonces -añade con el tono de una ironía suave-, quizá me tengo ganada la autoridad que me atribuye.

-Quizá -digo, y se termina la sesión.

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