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JOrge Dezcallar

Cowboys en el Magreb

Da la impresión de que nuestro vecino Magreb se ha llenado de cowboys inexpertos, de esos que por querer disparar más rápido aprietan el gatillo antes de acabar de desenfundar y se pegan un tiro en el propio pie. Es lo que les ocurre estos días a Marruecos y a Argelia, dos países a los que no afectaron las convulsiones de la Primavera Árabe porque el rey Mohamed VI, que la vio venir, se adelantó con reformas constitucionales cosméticas que quitaron la mecha a las protestas sin ceder un ápice del poder, mientras que los argelinos, escarmentados tras los diez años de la guerra civil que vivieron al final de siglo pasado, se limitaron a hacer manifestaciones que derribaron al octogenario y enfermo presidente Bouteflika sin tocar a los verdaderos dueños del país que son los militares y los servicios de Inteligencia.

Las relaciones entre Argelia y Marruecos nunca fueron buenas. Marruecos apoyó la heroica lucha anticolonial de Argelia con la ingenua esperanza de que, tras la independencia, le devolviera los extensos territorios saharianos que París le había arrebatado con un trazo en el mapa cuando se retiró de Marruecos en 1956 y pensaba que Argelia siempre sería francesa. Cuando Argelia se negó a hacerlo estalló «la Guerra de las Arenas» que Marruecos perdió en 1963. Desde entonces hay entre los dos países un mal rollo que empeoró con el apoyo argelino al Frente Polisario y con su decisión de cerrar la frontera en 1994 tras un atentado terrorista en Marrakech del que Rabat le acusó. Todo eso convirtió en papel mojado la Unión del Magreb Árabe e impidió que la región compartiera sus muchos recursos naturales y humanos y se convirtiera en un interlocutor unido y fuerte ante la Unión Europea.

Ahora Argelia ha decidido dar otro paso en la mala dirección y romper relaciones diplomáticas con Marruecos. Le acusa de apoyar a movimientos independentistas cabiles, de espiarle con sofisticada tecnología israelí e, incluso, de prender fuego a sus bosques. Y el rey de Marruecos, que una vez más las vio venir, decidió que no podía estar peleado al mismo tiempo con sus dos vecinos más importantes e hizo de tripas corazón para remendar la relación bilateral con España, que él mismo había estropeado al pretender que siguiéramos los pasos de Donald Trump. Porque el fondo del actual problema no es otro que la desestabilización que ha producido Trump en la región magrebí con sus Acuerdos Abraham, que le llevaron a reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de que Rabat estableciera relaciones diplomáticas con Israel, lo que irritó profundamente a Argel.

Detrás de la actual disputa hay una despiadada lucha por la hegemonía regional en la que el Sáhara Occidental juega un papel fundamental porque un Sáhara independiente y muy poco poblado sería un títere en manos argelinas que «enjaularía» a Marruecos contra el extremo noroeste del continente, mientras que un Sáhara bajo soberanía marroquí evitaría ese estrangulamiento y lo abriría hacia el África subsahariana. Ese es el problema real. Marruecos ve correctamente que ahora Argelia atraviesa una etapa de debilidad interna, le ha presionado y Argel ha respondido rompiendo relaciones... quizás también para desviar la atención de sus muchos problemas internos.

Lo ocurrido nos afecta porque la inestabilidad magrebí no es nunca una buena noticia y porque Argel ha decidido dejar de enviarnos gas por el Gran Gasoducto Magrebí (GGM) -que recorre territorio marroquí durante 145 kilómetros hasta Gibraltar- con objeto de privar a su vecino de las tasas que percibe por su tránsito (unos cien millones de euros al año, aunque la cifra oscila mucho) y también de gas barato que beneficia al 45% de su población. Al mismo tiempo -y para no perjudicarnos a nosotros- ha reforzado el gasoducto Medgaz (Durán-Farrell) por el Mar de Alborán pues de Argelia procede el 29% del gas que consumimos. Pero cerrar el GGM tiene el inconveniente de que en caso de necesitar exportar más gas o de una avería en Medgaz Argelia no dispondría de una ruta de exportación alternativa y seríamos nosotros (y la propia Argelia) los perjudicados.

Como digo, cowboys aficionados que se disparan en los pies y perjudican a sus ciudadanos, en primer lugar, y luego también a sus vecinos.

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