Mi Dolce far niente ha terminado, regreso a la Normalidad (?). Les confieso que no me he quedado muy satisfecho de mis Crónicas Estivales 2021, se me han antojado como más de lo mismo. Hoy, en esta quinta y última entrega, voy a intentar alegrarles (o no) un poco la vida, compartiendo experiencias, errores y aciertos. 

Los domingos, más allá de las revistas del ‘Corazón’ que incluyen determinados medios, ojeo los suplementos en búsqueda de temática y/o colaboradores de interés. El pasado 22 de agosto, El País Semanal publicaba unas Conversaciones entre dos italianos. Fabiola Gianotti (F.G.), directora del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), y Nuccio Ordine (N.O.), escritor y autor de títulos estimulantes como La utilidad de lo inútil. Ambos, desde ámbitos distintos, esgrimen su defensa de una investigación científica y una creación cultural lejos de la dictadura utilitarista y cortoplacista. Ambos piensan que las creaciones culturales y la actividad científica son manifestaciones de una misma cosa: la creatividad y la curiosidad de la humanidad…

«Si hablo de mí misma, tengo que decir que en mi educación superior estudié literatura, griego y latín y, de forma paralela, estudié piano en el conservatorio, y luego decidí emprender una actividad profesional en el ámbito científico. Yo no veo barrera alguna que separe esos ámbitos, al contrario, creo que el humanismo, las artes y las ciencias no son sino tres expresiones de la misma fuente: la fuente de la creatividad y del genio humano. Incluso si contemplamos todo esto desde el punto de vista de la física fundamental y de las leyes fundamentales de la naturaleza» (F.G.). «Hoy el corto plazo lo domina todo. Lo más importante es la rapidez. Cuanto más rápido, mejor parece el resultado. Y eso opera igual en la educación que en la investigación» (N.O.). 

¿Creen que esa amenaza utilitarista se está dando también en el mundo educativo? ¿Creen que los alumnos están dejando de serlo para convertirse en meros clientes en busca de buenos trabajos? «La sociedad no está preparando la fuerza de trabajo del futuro. Hoy, en un mundo cada vez más guiado por una tecnología que cambia sin cesar, lo que se les pide a los jóvenes es una formación más técnica y, por lo tanto, estrecha. Tienen que ser más expertos en ámbitos más pequeños con vistas a ser contratados por las empresas. Pero como la tecnología cambia a toda velocidad, los técnicos prevén que en 30 años más del 50% de los trabajos de hoy habrán desaparecido porque estarán desempeñados por máquinas» (F.G.). «Si enfocamos la elección de los estudios solo desde el prisma de las oportunidades laborales, eso provocará un día el cierre total de las disciplinas humanistas. ¿Por qué enseñar el sánscrito si no es rentable? ¡Pues no, debemos defender el sánscrito, porque, si no, mañana desaparecerán los estudios de sánscrito, y luego los de griego, y luego los de latín, y al final solo estudiaremos lo que resulte rentable, y entonces la humanidad perderá sus lazos con la memoria! Nuestra relación con el pasado y con la memoria es esencial. Así que no se debe estudiar para trabajar, sino para conocer, porque de otro modo la creatividad muere. Einstein lo vio claro: ‘No especializar al estudiante’, dijo, ‘sino impulsar su curiosidad, que aprenda, que lea, que viaje…, la especialización ya vendrá’» (N.O.).

El tema no es trivial. La pandemia no sólo nos está desmantelando nuestro ‘estatus sanitario’ sino también nuestros contextos personales, familiares, profesionales, sociales, cívicos, económicos, políticos. Recuperar la Normalidad no es reproducir los ‘modelos’ del boom turístico de los entornos del 2018/19. Es muy posible que sea una realidad que «Balears lidera la recuperación turística e impulsa su economía»; pero nuestra crisis no es coyuntural, es estructrural. Hay expertos de gran calado que diseñan nuevos modelos productivos macro, pero noto a faltar las demandas micro que se exigen a los profesionales (más allá de la mano de obra intensiva, temporal, y con escasa cualificación). Además de sus cualificaciones técnicas (sin duda necesarias a nivel universitario, Formación Profesional…), las mejores herramientas que podemos dar a nuestros jóvenes son de tipo intelectual: una mente abierta, aptitud de flexibilidad, capacidad analítica y de síntesis, disposición lógica y una educación global.

Un empresario turístico de éxito me confesaba un día: «Personal técnico de tal o cual especialidad pagando lo encuentro». Pero no son fáciles de encontrar personas, ni siquiera con un buen salario, con capacidad de analizar una coyuntura o una oportunidad considerando todos los inputs de distinta naturaleza (políticos, económicos, sociales, sociológicos, ambientales…).

Yo, sin querer compararme con Fabiola Gianotti, estudié y di clases de latín y griego; me licencié en Filosofía pura; mientras estudiaba Teología en la Gregoriana de Roma asistía a clases de sociología en la Universidad especialmente en sus asignaturas técnicas. He ejercido y compartido mi profesión de sociólogo. He cometido múltiples errores y sigo con dudas vitales. Pero me ha resultado, y me sigue resultando, muy gratificante lo que dice Kafavis en un bellísimo poema: «Nuestra Ítaca no es llegar a Ítaca, sino el viaje que hacemos para llegar a ella». O Machado: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar».