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Joaquín Rábago

360 grados | Insolidarios

Aunque no asistimos, al menos de momento, en Europa a una inmigración importante de esos afganos que huyen de su patria, hay países de la UE que no quieren que se repita la crisis de refugiados de 1975.

Los más insolidarios son como siempre los Estados de la Europa central y del Este, entre ellos Austria y Hungría, pero también ahora la pequeña Eslovenia, país que, para colmo, ocupa actualmente el turno de presidencia de la UE.

El primer ministro esloveno, Janez Jansa, afirmó en uno de esos tuits a los que nos tienen últimamente acostumbrados nuestros dirigentes como forma posmoderna de hacer política que la UE «no abrirá pasillos humanitarios con Afganistán».

«No permitiremos que se repita el error estratégico cometido en 1975», escribió ese político ultranacionalista, en referencia a la llegada a las fronteras de la UE de cientos de miles de refugiados de Siria y otros países árabes a los que la canciller alemana Angela Merkel optó por recibir entonces con los brazos abiertos.

Muchos ven en aquella acogida indiscriminada uno de los factores que impulsó el crecimiento del partido xenófobo y ultranacionalista Alternativa para Alemania.

El intento de Berlín de que otros países aceptaran un reparto de los inmigrantes que llamaron entonces a las puertas de Europa provocó fuertes tensiones en el seno de la UE y dio alas a las fuerzas ultranacionalistas en todo el continente.

El mensaje claramente insolidario dirigido ahora a sus socios por el primer ministro esloveno responde a aquellos hechos, pero fue contestado inmediatamente por el presidente del Parlamento europeo, David Sassola.

Según el socialdemócrata italiano, no compete de ninguna manera al presidente de turno de la UE decir lo que ésta tiene que hacer.

También en su reciente visita a la base aérea española de Torrejón de Ardoz, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, desautorizó abiertamente al político esloveno al afirmar que «es nuestro deber moral» abrir «rutas seguras y legales» para los más vulnerables.

Entre las personas necesitadas de protección, la cristianodemócrata alemana incluyó a los activistas en materia de derechos humanos y a los periodistas afganos (1).

En Austria, la negativa expresada por el Partido Popular del canciller Kurz a admitir a más refugiados procedentes del país asiático ha provocado a su vez tensiones con Los Verdes, su actual socio de Gobierno, que mantienen la posición contraria.

No puede decirse tampoco que EEUU, cuya precipitada intervención militar en Afganistán para castigar a los talibanes por albergar al responsable de los atentados terroristas del 11 de septiembre está en el origen del drama actual, esté ayudando al esfuerzo de solidaridad de Occidente con las víctimas de los radicales islámicos.

Desoyendo una vez más a sus aliados de la OTAN y a sus socios del G7, el presidente de EEUU, Joe Biden, aceptó la fecha fijada unilateralmente por los talibanes para el fin del puente aéreo establecido por la Alianza para sacar de Afganistán a quienes tratan salir de allí.

A partir del final de esa operación de emergencia, los afganos que no quieran seguir bajo el nuevo régimen no tendrán más remedio que recurrir a esos individuos sin escrúpulos que se dedican, a cambio de cantidades importantes de dinero, al tráfico ilícito y cada vez más peligroso de migrantes.

No olvidemos tampoco que hay actualmente en torno a 3,5 millones de personas desplazadas dentro del propio Afganistán, que en Pakistán hay cerca de millón y medio de afganos; en Irán, 780.000, que en Alemania son ya más de 181.000 los refugiados del país asiático y en Turquía superan los 130.000.

(1) Es más que probable que entre los evacuados por Estados Unidos haya también intérpretes que participaron en los interrogatorios de la CIA en aquel país.

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