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Antonio Tarabini

Entrebancs | Crónicas estivales (4): «¡Pupurri!»

Mi primera intención era titular esta Crónica, «Redes sociales». El motivo es claro, al menos para mí. He dedicado tiempo de mi dolce far niente a usar múltiples y variados instrumentos de las nuevas tecnologías que conforman y posibilitan la información, la comunicación e incluso la toma de decisiones más allá (o más aquí) del tiempo y del espacio (Facebook, Twitter, Instagram, YouTube…). Sin dejar de referirme a tal o cual red que participo y/o sigo, a mi edad la realidad cotidiana me ha superado, y me encuentro sumido en un pupurri. Léase una mezcla extraña y confusa, y algunas veces ridícula de información y opiniones, que configuran nuestra cotidianidad y por tanto también la mía. Voy a intentar coger el toro por los cuernos, sin perder el sentido del humor y una cierta dosis de cinismo.

Comienzo por Afganistán a merced de los talibanes. Los talibanes reprimen con violencia protestas en varias ciudades afganas, y controlan los accesos al aeropuerto de Kabul que impiden el ingreso de miles de afganos/as que colaboraron con el gobierno caído, con las tropas de Estados Unidos, de la OTAN o con embajadas de países occidentales (vgr, la española). Es impresionante ver a madres intentando transferir, con el impedimento de los talibanes, a sus hijos/as a un marine USA para que los suban en los aviones. 

Las mujeres son las más afectadas. ¿Como la sharía o ley islámica afecta a las mujeres afganas bajo el régimen talibán? Deben estar siempre acompañadas por un hombre de la familia cuando salen de sus casas. Caminar solas por las calles o hacer uso de vehículos como taxis o bicicletas está totalmente prohibido para ellas. La vigilancia sobre la mujer es permanente. Deben usar el burka, que solo deja ver los ojos. El rostro de la mujer representa una fuente de corrupción hacia los hombres ajenos, por lo cual no tienen permitido ser vistas sin su burka por un hombre al que no conocen. Ante la necesidad de una consulta médica, el doctor no tiene permitido tocarle el cuerpo bajo ningún concepto. Esto constituye una de las razones por las cuales muchas mujeres mueren de enfermedades que podrían ser tratadas, al no poder ser atendidas correctamente.

No se les permite estudiar ni trabajar. No pueden asistir a instituciones para educarse y trabajar. Tienen prohibido ir a las escuelas y a las universidades. No tienen permitido hablar en voz alta al estar en público y fuera de la casa. Las mujeres tienen prohibido practicar deporte. Otra de las cosas que se suman en cuanto a la apariencia es que las afganas no tienen permitido utilizar cosméticos. Se han dado casos en los que las mujeres llevaban las uñas pintadas y, como método de tortura, les amputaron los dedos de la mano. Ante el desacuerdo o la desobediencia de estas y otras restricciones, las mujeres pueden ser humilladas y torturadas.

Forman parte del pupurrí afgano dos polémicas y graves publicaciones publicadas en este mismo periódico. En el post de ASI en el ayuntamiento de Llucmajor se mofa de la situación de las mujeres de Afganistán y de las feministas: «5 vacantes publicadas hoy en el BOE para trabajar en la embajada española en Afganistán. Pagan muy bien y hacen faltan allí mujeres, avisa a las feministas que conozcas a ver si les interesa el puesto». La segunda publicación es mucho más grave. Después de que Francina Armengol ofreciera el pasado lunes asilo a las mujeres y niñas refugiadas de Afganistán en Balears, la exmilitante y cofundadora de Vox, Cristina Seguí, subió a su cuenta de Twitter el siguiente post: «¿Necesitáis niñas para los puteros de la isla?». La pregunta iba dirigida a la presidenta Armengol. Sin comentarios.

Soluciones individuales a los problemas presentes y futuros no existen, a no ser que pertenezcamos a un entorno familiar de amplios recursos económicos

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Se ha comenzado, según parece sin las necesarias garantías, a expulsar a Marruecos centenares de menores, en torno a 700, acogidos en Ceuta durante la crisis migratoria en la ciudad autónoma propiciada por Marruecos. El proceso de momento se ha paralizado. Las instituciones y organismos que denuncian el procedimiento de entrega, consideran que el proceso está vulnerando la Convención de los Derechos del Niño de la ONU, que fue ratificada por España en 1990 y que establece, en su artículo 12.2 que «se dará la oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial o administrativo que afecte al niño, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado». Las opiniones son múltiples y diversas. He acudido a las redes sociales. En principio el interés es bajo comparado con la situación afgana. Me ha llamado la atención la presencia de un mensaje con su correspondiente «pásalo» cuyo contenido es claro: «Si acogemos niño/as afganos , sólo nos falta que los sociocomunistas incluyan la religión islámica en los centros educativos». Sin comentarios.

Es muy posible que llegados a este punto los lectores se pregunten: con los problemas cotidianos a los que tenemos que hacer frente en el ámbito profesional y laboral (estabilidad, salarios…) a corto y medio plazo, en los entornos familiares y relacionales ( los estudios, el tiempo libre, el futuro…) tenemos que preocuparnos por los problemas de personas y familias originarias de países y culturas distintos a los nuestros? Vivimos en una realidad más global día a día. Soluciones individuales a los problemas presentes y futuros no existen, a no ser que pertenezcamos a un entorno familiar y social de amplios recursos económicos y sociales. La pandemia es una prueba de su globalidad. Hay países que para cursarse en salud ya están reclamando una «tercera vacuna» mientras centenares de millones de personas no tienen acceso ni a los primeros cuidados. Otros, incluido la OMS, priorizan la globalización de las vacunas, no solo por razones de justicia sino también porque la expansión del virus seguirá viva, incluso entre nosotros, si no la detenemos en su ámbito global. Los problemas de «los otros» son inevitablemente «nuestros» problemas. 

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