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Diario de Mallorca

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Alex Volney

Entre las brasas humeantes

Vivir en tiempos turbulentos.

Cuando la presunta izquierda cayó en manos de la burocracia y empezó a tolerar según que cosas, quitando el protagonismo a la naturaleza y dando paso a la tecnología indiscriminadamente, abrió en su momento las puertas a todo lo que vino después. Cuando Marx dijo que «las personas construyen su propia historia, pero no a su libre arbitrio, en circunstancias elegidas por ellas mismas, sino en las circunstancias con las que se encuentran, que ya existen y les han sido legadas», no está hablando solo de economía aunque también se refiera a ella. El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman trabajaba en ello justo antes de morir: «Pretendo comprender por qué el neoliberalismo experimenta, de repente, tanta popularidad, por qué el repentino interés en que regresen los líderes autoritarios», era su último reto in extremis y a la par que veía como el espectro progresista daba la espalda definitivamente a la defensa de la naturaleza abandonando a la mujer a su suerte (y no estamos hablando de sostenibilidad ambiental). A la izquierda europea le fascinó matar a Dios y entrar en su posterior reino de igualdades y libertades, un sentimiento de fraternidad para nada a cubierto. Muchos pacifistas en el primer tercio del siglo veinte dieron bastante oxígeno al anticristo alemán, consciente e inconscientemente. Y la muerte de los dioses acaecida en paralelo a efímeras revoluciones lo aceleró todo.

En su libro Modernidad y Holocausto el autor polaco insinuaba cómo de fácil lo había puesto la modernidad a la destrucción masiva de personas. Puntualizando que «la modernidad» no era sinónimo de genocidio, aseguraba que es el mejor marco para llevarlo a cabo. La tecnología industrial y su burocracia, pero sobre todo a la ambición del hombre que con Dios a sus pies «ya no cree en poder cambiar el mundo, ya piensa en darle la vuelta al completo».

Según Bauman esta es la clave. «La lucha por mejorar... exigía exterminar un sinfín de personas». Los nazis y los comunistas de Stalin llevaron a cabo la selección eliminando lo irregular, lo diferente y lo indisciplinado.

Matar a Dios cada cinco minutos y a destajo, ante las cámaras o matar en su nombre. Bauman lo aclaró suficientemente, antes de partir: «Tomar el control del mundo». «Somos nosotros los que estamos al timón, no la Naturaleza, no Dios», es lo que muy probablemente tienen ahora mismo en la pantalla si han apretado el botón y están en el sofá o han abierto su aplicación y les han informado. Es lo mismo otra vez, no lo duden.

«La aniquilación de los judíos europeos fue solo una parte de un proyecto mayor». Recuerden que el retorno de antiguos conflictos o el nacimiento de otros más nuevos van coincidiendo con ese llamado nuevo orden de 1945 y su desmoronamiento. La atracción por el totalitarismo. El nazismo según este filósofo no era la vuelta a la barbarie. «Una idea equivocada... los nacionalsocialistas y los comunistas estalinistas hicieron solo lo que otros querían hacer». Y aseguraba que, vuelve a ser el contexto idóneo.

Refiriéndose al distanciamiento entre las personas y la automatización de las relaciones que mantenemos.

En el libro de conversaciones con el periodista suizo Peter Haffner, Vivir en tiempos turbulentos, nuestro autor sentencia: «Consideramos que evitar al máximo el contacto entre personas es sinónimo de progreso» (omitan, por favor, los años covid). Consecuencia: «Nuestras acciones, de modo paulatino, se van liberando de los escrúpulos que todos tenemos, sin excepción, cuando estamos delante de una persona».

Vivir en tiempos turbulentos.

Vivir en tiempos turbulentos.

Su teoría sitúa a los judíos como los primeros en estar expuestos y a la vanguardia de la ambivalencia. Antes que otro pueblo se encontraron en el contexto de la modernidad líquida que no ha finalizado.

Resulta así mucho más fácil entender cómo Europa agacha la cabeza abandonando a cientos de miles de personas a su suerte y cómo el silencio de los gobiernos solo es proporcional a la vergüenza de sus oposiciones. Es el abandono de la Naturaleza en la vertiente más clara y transparente de unos hechos que difícilmente se pueden contradecir. Ya se estaba hablando de pactos entre Europa y los talibanes. Claro, conocemos la historia y sabemos cómo repetirla. El Pacto Ribbentrop-Molotov también fue todo un éxito, marcando todas las distancias, pues hoy los totalitarismos están presentes en cada país y cada día con más escaños en los parlamentos. Es la vergüenza perfecta. Sí, definitivamente y sin sonrojos, mientras voy terminando, la UE ya ha reconocido «al nuevo régimen de los talibanes». Zygmunt Bauman conocia al dedillo como ha funcionado, cierto «comunismo», desde Varsovia a Moscú y las más retorcidas políticas del Kremlin en su área de influencia económica. Atiendan a la insistencia de este señor que abandonó las ciencias para abarcar las humanidades, decisión tomada entre las brasas humeantes de 1945.

Inquietante advertencia y un artículo poco refrescante y para nada veraniego. Me disculpen, esto es Europa. Y encima la culpa la va a tener el abuelo Sam.

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