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Emma Riverola

Los hombres de fuego

Deberíamos hablar más de ellos, de su desprecio hacia las mujeres, de su forma de hundirlas para auparse

Manifestación contra la violencia machista en Madrid. David Castro

Una mujer ha sido asesinada por su pareja en… ¿De veras vas a escribir otra vez sobre un crimen machista? Ya sé que ha habido otro. Y la semana pasada y la que viene y la otra. ¿Vas a escribir el mismo artículo semana tras semana? ¿Quién va a leerte? Seguro que en la primera frase ya han dejado de leerte un puñado de lectores. Nadie quiere que le repitan lo que ya sabe. ¿Y ellas? ¿Acaso crees que querían acabar asesinadas por esos hombres que un día les dijeron que las amaban más que a su vida? ¿Se merecen ellas este silencio? ¿Debemos seguir matándolas con nuestra callada ignorancia? Déjalo, no insistas. No tienes nada nuevo que decir, reconócelo. Empezarás lamentando su pérdida, te preguntarás qué ha fallado, te revolverás contra el patriarcado, apelarás a las instituciones y a la ciudadanía, también a los hombres. Para que actúen, para que se comprometan, para que protejan a las mujeres de los hombres de fuego.

¿De fuego? ¿Por qué los has llamado hombres de fuego? No sé, me ha salido así. Pero eso no es lo importante. Lo que te estoy diciendo es que dejes este artículo, que no va a ninguna parte, que ya está escrito. Además, ya sabes, hace tiempo que solo reaccionan ellos. ¿Ellos? No te hagas la tonta, sabes perfectamente de quiénes hablo. ¿Y no es ese un buen motivo para seguir? Si ellos niegan la violencia machista y nosotras les damos nuestro silencio, habrán ganado.

Déjalo, hazme caso, son una plaga de langostas, están por todas partes, se cuelan por las rendijas, también del feminismo. El grito ya no es unánime. Las asesinadas cada vez ocupan menos espacio, menos debate. Un tuit de lamento, poco más. Un grano de arena en medio de un desierto de indiferencia. ¿Un grano de arena? ¿Plaga de langostas? ¿Hombres de fuego? Te veo poética. Demasiado, para no querer que escriba sobre esto. Y ahora escucha. Lee. Ella tenía 25 años y fue asesinada por su expareja, él incumplió la orden de alejamiento. Ella tenía 76 años y él la golpeó hasta matarla. Ella tenía 36 y ocurrió en Sabadell. Ella… ¿Te detienes? ¿Ya te has dado cuenta? Solo cambias las edades, los lugares, el modo de asesinarlas. Siempre es lo mismo. Siempre. Ya está escrito. Hay historias que ya se saben. Arrancan un suspiro, un gesto de dolor, una queja y se pasa de página. Una asesinada por violencia machista. Una patera hundida. Un atentado en países lejanos…

¿Y si hablamos de ellos?

Tú los has llamado hombres de fuego. ¿Por qué no sabemos más de ellos? ¿Cuándo empezó todo? Ese desprecio, ese odio a las mujeres. Los gritos. Son importantes los gritos. Deberíamos hablar más de ellos. De eso que, tantas veces, se llama vehemencia. Se perdona. Sí, se absuelven las palabras. Y el tono de voz. Y las miradas. Y esas opiniones lanzadas para pisotear, para humillar. Fórmulas que nunca utilizarían con otros hombres. Porque hundiéndolas a ellas, se aúpan ellos. Sí, deberíamos hablar más de los hombres de fuego. Y de como a ellos les regalamos tantas y tantas historias. Aunque estén mil veces escritas.

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