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Joaquín Rábago

360 Grados | Vacunar o no vacunar… a los menores

Cuando ya se reanudan, o están a punto de hacerlo, las clases en varios «laender» alemanes, entre ellos el de Berlín, donde escribo estas líneas, la confusión es total entre los políticos sobre la conveniencia o no de vacunar a los menores contra el covid-19.

¿Qué peligro hay de que éstos se infecten con el coronavirus, sobre todo su variante hasta ahora más infecciosa, la conocida con la cuarta letra del alfabeto griego, y qué riesgo potencial representa, por el contrario, para ellos la administración de la vacuna?

Hay opiniones para todos los gustos, pero la Comisión de Vacunación Permanente de este país no ha emitido de momento ninguna recomendación general para el grupo de edad de entre doce y dieciocho años salvo para aquellos especialmente vulnerables por padecer alguna enfermedad previa.

Por el contrario, desoyendo a los expertos del Instituto Robert Koch, los ministros de Sanidad de los «laender» (Estados federados) quieren empezar de inmediato con la vacunación de los menores para facilitar un regreso sin riesgos a las clases.

Los ciudadanos están entre perplejos y furiosos por lo que perciben como una total falta de planificación de los políticos, que han desperdiciado el paréntesis veraniego para tomar las medidas adecuadas de cara al nuevo curso.

Así no se ha dotado a muchas escuelas de filtros del aire, ni se ha aumentado el personal docente para poder formar grupos de alumnos más pequeños y garantizar una mayor separación entre los escolares, algo siempre difícil tratándose de niños.

Es cierto que los científicos, y no sólo los alemanes sino también los de otros países, tampoco parecen ponerse de acuerdo sobre las ventajas o desventajas de vacunar o no a los adolescentes.

Así en el British Medical Journal, un grupo de médicos se preguntaba recientemente qué sentido tenía exponer a los menores a los riesgos desconocidos que pudieran tener para ellos las vacunas con el fin de proteger sobre todo a los mayores más vulnerables cuando la mayoría de estos últimos están ya vacunados y deben ser en cualquier caso ellos mismos quienes se protejan.

Sea como fuere, en Alemania, la incidencia se ha triplicado en las últimas semanas aun cuando siga siendo bajísima – menos de 20 por 100.000 contagios en una semana- comparada con España, pero se teme que suba mucho más al regreso de muchos ciudadanos de sus vacaciones en países de alto riesgo, entre los que está el nuestro.

Algunos matemáticos especialmente alarmistas como Andreas Schuppert, de la Universidad Técnica de Aquisgrán, alertan de la posibilidad de que, de empeorar de pronto las cosas, puedan acabar cerca de 400.000 personas en los hospitales alemanes.

Ese experto en estadísticas se pone en lo peor y cree que, si no se toman medidas urgentes para frenar al virus, hasta 2.000 jóvenes podrían acabar en las unidades de cuidados intensivos.

Otro experto, esta vez en salud, Reinhard Busse, de la Universidad Técnica de Berlín, se dice al mismo tiempo preocupado por los pocos datos de que disponemos sobre los posibles efectos a largo plazo del covid-19.

Uno de los síntomas observados con más frecuencia en relación con ese coronavirus es el agotamiento crónico, pero en los menores puede darse también, aunque sean raros, el llamado síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS) y el de Kawasaki, una vasculitis sistémica que afecta a vasos de tamaño mediano y pequeño.

De lo que todos, políticos y expertos, están seguros es de que, si no se vacuna a los menores y con la resistencia de muchos adultos a vacunarse, se llegará al próximo invierno sin haber alcanzado la inmunidad colectiva de la que tanto se habla.

Con la nueva variante delta, se calcula que para alcanzar la también llamada «inmunidad de rebaño», habría que tener ya protegida con la doble dosis a un ochenta o, mejor aún, un ochenta y cinco por ciento de la población.

Mientras tanto aumentan también aquí los que piden que, una vez que se haya ofrecido a todo el mundo la posibilidad de vacunarse, se exija el correspondiente certificado para entrar en muchos sitios y dejen además de ser gratuitas como ahora las pruebas de antígenos a que tendrían que someterse quienes no lo tengan. Es una manera de vencer resistencias.

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