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Pedro Coll

De símbolos y utopías

‘Se vende…’ La Habana, 2011.

‘Se vende…’ La Habana, 2011.

(Reflexión en busca de un liderazgo)

Estamos viendo cómo, a raíz de lo que acontece en Cuba, la extrema derecha y gran parte de una derecha diestramente escorada, han comenzado a utilizar el conflicto como arma arrojadiza.

Políticos y medios conservadores, y conocidos francotiradores en las redes, están poniendo toda la carne en el asador para contaminar ideológicamente el tema cubano y confundir a la gente, sobre todo al electorado español, porque el pueblo cubano les queda muy en segundo lugar en su intención evangelizadora. Hemos visto que comienzan a apropiarse de esos nuevos símbolos que son la bandera cubana y el lema ‘Patria y Vida’. En poco tiempo conseguirán convertirlos en símbolos del conservadurismo radical y se dará la paradoja de llegar a ver la bandera cubana ondeada por los cayetanos, al grito de ‘Patria y Vida’, con pasodobles, cervecitas y redoble de cacerolas.

En los primeros años de nuestra democracia, la izquierda (políticos y gente de a pie), por no herir ciertas sensibilidades, fue (fuimos) permitiendo que la máxima insignia nacional acabara convirtiéndose en símbolo del pensamiento más conservador, dejando de ser el símbolo neutral de la nación. Y esto tiene ahora mala solución. Son (somos) legión los españoles que por este motivo no se exhibirían individualmente con la bandera española. Así que hagamos un esfuerzo para que este nuevo lema de libertad, que viene del otro lado del Atlántico, conserve su frescura y no acabe contaminado. Los símbolos acaban teniendo su trascendencia.

Cuba nos necesita ahora más que nunca, nos necesita a todos, no sólo a unos o a otros. Infinidad de mensajes llegados desde allá suplican que no nos callemos, que no dejemos pasar este tren. Para nuestro Gobierno va a ser muy complicado nadar en esas aguas turbulentas, pero es su obligación histórica intentarlo, la diplomacia y la mano izquierda serán fundamentales. España, por su íntima relación con Cuba y su experiencia pacífica en transitar a una democracia, debería encabezar y coordinar una acción internacional atrevida cerca de estos dos gobiernos radicalmente enfrentados. Debería iniciarse con un acuerdo tomado por nuestras fuerzas políticas, sin fisuras, de un extremo ideológico al otro, primer escollo, pero quiero pensar que superable por trascendente. El proyecto sería respaldado sin duda por la Unión Europea. Hay que aprovechar las circunstancias que nos han situado en un momento histórico. Para empezar, al margen de todo y como prioridad total, habría que ir organizando envíos, controlados por Cruz Roja, de medicamentos y alimentos de primera necesidad ¡pero ya!, porque allá la situación es más desesperada que desesperada, mucho peor que en el ‘período especial’, esa pandemia que no cesa está aprovechándose de las endémicas carencias.

Y ahora entro en lo utópico de verdad. El paso siguiente, también inmediato pero meditado, debería consistir en entrar a fondo en la solución del viejo conflicto. Ahí siempre ha habido dos posiciones irreconciliables: a) bloqueo y aislamiento, la visión de castigo de los ‘halcones’ (republicanos norteamericanos, sobre todo Miami y, aquí, los conservadores y radicales de la derecha) con la que se machaca a la población civil inocente con el objetivo de derrocar al Gobierno revolucionario: un Gobierno que lleva más de 60 años comiéndose todo eso con patatas fritas; y b) levantamiento del bloqueo, la visión humanitaria y condescendiente, el dejá vu progresista, con lo que se daría respiro cotidiano a una población… que seguiría sometida a un régimen totalitario, bien apalancado, perpetuándose sine die la falta de libertades individuales.

Oliver Stone, Jane Fonda y otros han creado un link de recogida de firmas para solicitar al presidente Biden el levantamiento de dicho bloqueo. Aunque, como digo, no aporta nada nuevo, me parece que sí es algo que debería hacerse. Pero seamos de una vez honestos con el pueblo cubano y démosle al tema una vuelta de tuerca. Porque una cosa es la carencia de lo básico para vivir y otra, igual de importante, es la carencia absoluta de libertad para la persona. No se puede entender lo uno sin lo otro. Dejémonos ya de soluciones parciales y busquemos un plan total. Así que esta solicitud al presidente de los Estados Unidos habría que simultanearla con otra dirigida al presidente Díaz-Canel pidiéndole un referéndum, contrastadamente libre, para que sus ciudadanos puedan decidir qué desean para su futuro. Obligado por una situación sin posible marcha atrás, el Gobierno cubano debe mover ficha de una vez, dejar de enrocarse culpando a terceros y al bloqueo, y mostrar compromiso de Estado ante este pueblo suyo que hoy por hoy está mental y físicamente destruido, agotado y al filo del estallido suicida. Son más de sesenta años aguantando bellas promesas para ir cada vez a mucho peor. El cubano de a pie necesita desesperadamente poder manifestarse sin trabas, sin interlocutores oficiales y partidistas.

Sé que estoy apostando por una salida casi imposible, no nací ayer, pero no me desanimo y sigo adelante, y este sería el plan que habría que proponer a La Habana y a Washington: bajo supervisión internacional, simultáneamente y de manera irreversible, se levantaría el bloqueo y se celebraría la consulta popular y libre, aceptando los Estados Unidos que, si en la consulta cubana sale cara, será cara, y si cruz, será cruz. El que rechace una propuesta tan salomónica quedará retratado y será directamente responsable del desastre que sin duda acabará ocurriendo.

Pienso que necesitamos un líder que se atreva a iniciar este camino de justicia. Voy a sugerirlo, presidente Sánchez, no esperemos a que la iniciativa la tomen otros, nos corresponde a nosotros, no es momento para dudar. Utilicemos el sentido común. Que no sigan confundiéndonos, se trata de libertad frente a totalitarismo, sea este del color que sea. Como progresistas, seamos beligerantes en el juego democrático. Progresismo implica futuro, perseguir lo imposible, arriesgar y, sobre todo, no ponerse de perfil.

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