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Daniel Capó

LAS CUENTAS DE LA VIDA

Daniel Capó

Dos mujeres

Entre Francina Armengol y Marga Prohens anda el juego

Entre Francina Armengol y Marga Prohens anda el juego

Entre Francina Armengol y Marga Prohens anda el juego

El futuro político de las Baleares está en manos de dos mujeres. Con Més y Podem Illes Balears completamente desdibujadas en el Govern, y con Cs y El Pi en proceso de autodisolución, se anuncia el retorno del bipartidismo a manos del PSIB y del PP. Francina Armengol se ha convertido por derecho propio en la gran figura de la izquierda insular. No sólo ha frenado el ascenso nacionalista que auguraba el procés, sino que ha capitalizado por completo la lucha contra la pandemia sin que ninguno de sus aliados sea capaz de hacerle la más mínima sombra. Armengol, hábil y dúctil con los hoteleros y los sindicatos, sabe que es la favorita para repetir gobierno, aunque no las tiene todas consigo. Juega en su contra la indisimulada animadversión que siente por ella Pedro Sánchez, a causa del apoyo que la política inquera brindó al candidato Patxi López –una forma como cualquier otra de tibieza–. Y Sánchez, que ya no constituye un activo electoral tan potente como hace unos años, no dudaría en desprenderse de Francina si fuera necesario. Ya se sabe que las lealtades duran mientras se mantienen los intereses compartidos. El otro punto débil del PSIB responde a un nombre –Pepe Hila– y a un lugar –Palma–. La pérdida de la mayoría en la capital tendría efectos sísmicos sobre las autonómicas. La moneda se encuentra en el aire.

Marga Prohens, por su parte, goza de un viento ligeramente favorable, que tiene algo –o mucho– de coyuntural. Carece de un equipo consistente (aunque sí cuenta con algunas figuras jóvenes con notable ascendente municipal) y sobre todo no dispone de un proyecto sólido, más allá del socorrido –y necesario– eslogan de la libertad. Su nombramiento ha generado ilusión y moral de victoria en un partido al que beneficia claramente la explosión de Cs y El Pi, muchos de cuyos votantes podrían sentirse tentados de regresar al Partido Popular. Dependerá también del lenguaje que emplee Prohens a partir de ahora; es decir, de su discurso político. ¿La línea a seguir es la bajada masiva de impuestos –alla madrileña– o la guerra cultural? ¿Qué defiende el PP en campos críticos como la educación, la I+D, el urbanismo o el medio ambiente? Son preguntas, de momento, sin una respuesta firme.

Pero lo cierto es que el retorno del PP amenaza la mayoría de izquierdas de un modo creíble por vez primera desde la debacle Bauzá. Y ese regreso equilibra en cierto modo la contienda. La tradicional sociología conservadora de las islas juega a favor del centroderecha, mientras que el baile de alianzas parlamentarias beneficia nítidamente a la izquierda. ¿Funciona en Baleares la polarización igual que en el resto del país? A veces ha sido así, pero bajo un signo distinto. O eso creo. El poder siempre cuenta con ventaja y esa es la posición de Armengol, que lo acumula por partida doble: en el ámbito local y en el nacional. Y hasta ahora ha sabido usarlo. El hartazgo y el cansancio, en cambio, van en contra del statu quo, sea cual sea. Hay demasiados elementos imponderables –como el futuro de la pandemia– para aventurar cualquier pronóstico. Las maquinarias municipales y autonómicas empiezan a engrasarse. Las campañas son la salsa corrosiva de la política moderna. Y el entretenimiento de la democracia.

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