¡Consumamos cordero! Es bueno para el medio ambiente, para el alma y para la renta agraria. La producción ganadera de ovino y caprino aporta innumerables beneficios para el medio ambiente y la biodiversidad. Hablamos de una ganadería que, en general, es extensiva, aprovecha los recursos naturales del territorio, con una baja utilización de insumos externos, pastoreando las fincas, limpiando montes y garrigas, y abonando los campos. Se calcula que cada oveja o cabra esparce entre 375 y 550 semillas al día con capacidad germinativa. Son auténticas reforestadoras y bomberas a cuatro patas. Con todo, la crisis del sector se ceba con ella. La caída de la cabaña ganadera de ovino y caprino es un hecho, y no exclusivo de Baleares. En la última década, España ha perdido un 45% de los animales, mientras que el descenso en las Islas Baleares ha sido del 33%.

La principal barrera para su recuperación está en el consumo. Quizá el cordero y el cabrito hayan sido víctimas de su propia fama, de ser la carne de las celebraciones. Su consumo dentro de los hogares de Balears es apenas de 1,5 kg por persona y año, al que sumamos otros 0,3 kg consumidos en restaurantes. Un indicador ligeramente superior a la media de España, pero muy alejado de los 3,3 kg de Aragón. Con estos datos nadie puede decir que haya un exceso de consumo de esta carne roja de alto valor nutricional, con proteína rica en aminoácidos esenciales, en vitaminas y en minerales. Sin duda hay que extender el consumo de esta carne, que sigue situada de forma mayoritaria entre hogares de renta media y media alta. Es importante romper la barrera de la edad. El consumo se eleva mucho entre la población de más de 50 años, mientras que la población joven, solo la consume en momentos puntuales. Falta innovar en presentaciones y formatos, adaptados a todos los bolsillos y edades, o introducirla en los comedores escolares como el proyecto «Mallorca al Plat». Pero hay esperanza. El trabajo de las interprofesionales se nota, y desde el año 2017 se vislumbra una ligera recuperación, acompañada de una percepción consolidada entre el consumidor medio, que asocia la carne de cordero a una carne natural.

Todos los esfuerzos que hagamos en la identificación de los productos de la ganadería extensiva son importantes. Por ello, la Conselleria se ha sumado a la iniciativa del Ministerio de Agricultura en la puesta en marcha del sello «100% raza autóctona» añadiendo la «ovella mallorquina», «ovella menorquina» y la «cabra mallorquina». Así los productores podrán utilizarlo en su promoción y venta. Pero la selección de canales por su calidad también debe hacerse en los mataderos y esto no se ha logrado implantar todavía.

En tercer lugar, es muy importante la profesionalidad del sector. Sanidad, alimentación, selección o partos programados, todo forma parte de un manejo adecuado del ganado que redunda en la calidad de la carne. La organización de los ganaderos de Balears en la última década empieza a dar frutos, y hoy tenemos varias iniciativas exitosas tanto en producción ecológica, como en convencional.

Por último. El futuro del sector se la juega en la rentabilidad. La insularidad rompe con la contabilidad de costes de cualquier explotación. Los datos muestran que criar una oveja en Baleares arrastra unos sobrecostes que superan los 25€ respecto a los de la península, y que el beneficio neto al productor balear es de 14,69€ negativos, que no se salvan ni con las subvenciones. Mientras tanto, la formación de los precios solo tiene como referencia la lonja de Sineu, espacio que debería replantearse en su funcionamiento, que marca 1€ de media por kg durante todo el año, por debajo de cualquier lonja peninsular. El resultado es una cadena de eslabones que juegan en contra de un sector clave para el territorio y que debemos de romper.