Este fin de semana se están produciendo unos primeros movimientos y actos políticos que en la práctica y a dos años vista, suponen la toma de posición inicial de los partidos de cara a las elecciones autonómicas y a la consolidación de sus respectivos líderes.

El PP ha iniciado el movimiento de piezas con un congreso regional que oficializa el liderazgo y la candidatura de Marga Prohens a la presidencia del Govern. Lo hace sin fisuras, cosa nada fácil estando en la oposición, pero también con la mirada y las decisiones fijadas en exceso sobre Madrid. Pablo Casado dirige el proyecto Prohens con el efecto Ayuso como referente, lo cual, caso de no lograr un mínimo de autonomía ideológica y política propia, significa que el futuro de la candidata balear de los conservadores puede estar atado en exclusiva a la suerte del presidente nacional del partido y al de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

En el PSOE no hay margen de maniobra ni discusión que enturbie la homogeneidad del liderazgo de Francina Armengol. El partido pivota en torno a una presidenta del Govern que ha exhibido algunos signos de cansancio, pero no de falta de firmeza, en los últimos meses, sin duda como efecto de la enrevesada situación con la que le ha tocado lidiar. Las posibilidades de obtener un triplete en la presidencia por parte de Armengol, lo cual sería insólito en Balears, dependen, prácticamente en exclusiva, de la gestión última que haga de la pandemia, la recuperación económica y el reparto consecuente que pueda hacer su Govern de los fondos europeos.

En los dos grandes partidos mayoritarios la situación está clara y la cabeza de cartel definida. Cosa muy diferente ocurre en el resto de formaciones políticas del archipiélago en los que, de cara al 2023, casi todo está por ver y los referentes electorales por identificar. Queda por delante un denso otoño de congresos y convenciones que deberán arrojar luz definitiva a la oferta que se acabe realizando a la ciudadanía.

Si empezamos por Més, vemos con claridad que la coalición convertida en partido no ha sabido rentabilizar su presencia en el Govern, especialmente en Mallorca. Otra vez debe enfrentarse a la definición ideológica y a la búsqueda de candidatos. Parece que los hallará en el caladero municipalista. El nuevo líder puede salir de Esporles, Deià o Manacor. Sus respectivos alcaldes, Maria Ramon, Lluís Apesteguia y Miquel Oliver pueden acabar compitiendo para liderar Més.

Situación parecida, la de falta de liderazgo, es la que experimenta Podemos. Está por decidir si Juan Pedro Yllanes repetirá como candidato pero también hay que definir si la cabeza política de la formación quedará en manos de Maria Antonia Jover o será cuestión de la joven Maria Muñoz.

Por su parte, Ciudadanos es hoy en Balears un partido en vía muerta en el que Patricia Guasp no puede prescindir de la tutoría, poco garantista por otra parte, de Inés Arrimadas para intentar mitigar la constante fuga de cargos y caras conocidas del partido hacia otras formaciones. Por lo que respecta a Vox, no hay posibilidad de que la posición más extrema de la derecha establezca estrategia alguna sin dejar de mirar al PP y sus posibles oscilaciones. Queda El Pi, un partido regionalista que esta semana ha vuelto a ser víctima de la lucha fratricida. Ayer sábado apaciguó ánimos y apunta a Antoni Salas como posible candidato.