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Núria Iceta

Núria Iceta

Editora de 'L'Avenç'

El eje de la responsabilidad

Qué difícil es romper la rutina de las relaciones verticales y abordarlas con miradas horizontales. Demasiado a menudo nos sentimos cómodos en jerarquías, en saber quién está por encima de quién y quién está por debajo de quién. Queremos saber de quién es la responsabilidad última de las cosas, para liberarnos de una carga que no queremos. Seamos o no diligentes con lo que nos toca hacer, reconforta saber que la carga de la responsabilidad (invisible, pesada) es de otro.

Si no hemos sido suficientemente cuidadosos con las medidas de protección contra la covid (cada uno de nosotros, en algún momento de estos 16 largos meses de pandemia) derivamos la cuestión hacia los responsables políticos. Y que otro cargue el mochuelo.

Miramos incrédulos las inundaciones de Bélgica y Alemania, pero qué difícil es asumir la responsabilidad que tenemos en nuestra vida cotidiana sobre el cambio climático. Respondemos a la angustia con negación, como si no hacerle frente evitara que pasara.

Delimitar las funciones al milímetro en un entorno laboral puede hacer que algunas personas se sientan seguras, ajenas a lo que no entra dentro de su círculo de competencias. Pero, ¿no se disfruta mucho más del conjunto cuando las aportaciones vienen de todos los actores que cuando se siguen consignas?

La responsabilidad última es inevitablemente en un eje vertical, como también lo es la responsabilidad de crear las condiciones para que los caminos que llevan a la cima sean los de la amabilidad de una camino ancho y no los de una pedregal inestable o un desfiladero estrecho. Asumir la responsabilidad es algo y desentenderse no es lo contrario. No creo que Adam Smith viera en la división del trabajo el fundamento de la segmentación, sino de la cooperación, independientemente de la forma jurídica que adopte la organización.

Hay tantas maneras de hacer como personas, talantes que reflejan solo la punta del iceberg de lo que llevamos dentro. Hagamos un esfuerzo para mostrarnos más, comunicarnos más y mejor, para repartir la responsabilidad colectiva.

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