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Bernat Jofre

De jueces caducos y presidentas influyentes

Fachada del Tribunal Constitucional, en Madrid.

Fachada del Tribunal Constitucional, en Madrid.

La semana pasada España se despertó con dos noticias casi simultáneas, diferentes entre sí pero que dicen mucho del peso específico de sus protagonistas.

La primera, la decisión de una parte del Tribunal Constitucional al considerar como válidos los argumentos de la ultraderecha española sobre las libertades fundamentales del ciudadano. Con este posicionamiento, el Constitucional declaró como no acorde a la Carta Magna el pasado estado de alarma - y su consiguiente confinamiento domiciliario - promovido por el Gobierno Sánchez. En la sentencia, se llega a afirmar que el derecho a deambular está por encima del de la vida misma: como dice la canción, antes muerta que sencilla. Destacar la provisionalidad que emana el auto: de los seis jueces favorables a la inconstitucionalidad del estado de alarma, cuatro tienen su mandato caducado. No por escaso tiempo, sino desde hace más de dos años y medio. Muy probablemente, Europa no va a dejar pasar por alto ese pequeño detalle. Que, por cierto, también puede influir en los fallos que el Tribunal Superior de Justicia Europeo debe emitir sobre los recursos de los condenados por el juicio del procés...y de las multas al Tribunal de Cuentas - órgano también con mandato caducado en su totalidad - por la cuestión catalana. Seguirá.

Hablando de Europa, también hemos quedado gratamente sorprendidos por la valentía de la Comisión y su presidenta, Ursula von der Leyen. El motivo: el plan para prohibir los vehículos de automoción con propulsores de orígenes fósiles para el año 2035. El mensaje a la ciudadanía es claro: o somos «verdes», o dejaremos de existir. No valen las medias tintas. No tan sólo el ciudadano de a pie es el destinatario del potente mensaje: la industria automovilística fue directamente citada en su intervención por la política alemana. Mensaje también para La Moncloa: su amenaza de recurso de inconstitucionalidad a la «Llei del Canvi Climátic» si no se retiraba el veto al diésel aún escuece en el Govern de les Illes Balears. Y es que aparentemente, el lobby de la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones ( ANFAC ) fue más efectivo que el programa electoral del PSOE. Queda la duda si Pedro Sánchez jugó a quedar bien con todos, a sabiendas de lo que se cocía en los pasillos europeos. Pero lo que sí parece meridianamente claro es que Francina Armengol Socias sabía de antemano que en directo o en diferido, su ley estrella iba a ser aceptada. Larga mano, la de la presidenta balear.

Una semana que ha dado de sí, no nos podemos quejar. Y eso que no hemos entrado en el tema Sars-Cov-II o la soberbia humana. Que podría dar para un libro entero.

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