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Antonio Papell

Reafirmación de la economía

La crisis de gobierno que acaba de producirse, dicen los analistas que la más intensa de todas las de la democracia, tiene además algunos ingredientes que la singularizan especialmente: el presidente del Gobierno, que lo es porque así lo quiso una mayoría del PSOE enfrentada al sector que logró descabalgarlo de la secretaría general, ha dejado de actuar instintivamente apoyado por los más fieles de su sector y haciendo gala del proverbial clientelismo que favorece a la camarilla, ha tomado la doble decisión de reunificar el partido -ni Óscar López ni Pilar Alegría votaron a Sánchez en primarias- y de encomendar a su propia generación emergente la renovación de la estructura gubernamental. La circulación de elites de que hablaba Pareto está funcionando y genera en el Partido Socialista unas expectativas inéditas de promoción interna (desaparecen los clanes oligarquizados, verdaderos grupos de presión, que siempre habían existido), lo que podría devolver a la organización una vitalidad que ya no se recuerda en estas vetustas instituciones.

Es también evidente que en la misma dirección apuntada hay que inscribir la abrupta salida de Iván Redondo de la dirección del gabinete presidencial. Aunque al escribir estas líneas no se conoce con pormenor lo sucedido –hay aún varias versiones en circulación que se diferencian en los matices-, es claro que el partido no veía con buenos ojos que un asesor externo, sin carné, que en el pasado había trabajado profesionalmente con el PP, acumulara tanto poder personal, en clara competencia con Carmen Calvo, la primera vicepresidenta, que sí había adquirido el compromiso partidario y poseía un indiscutible pedigree socialista. Iván Redondo es un estratega inteligente, pero se había difundido la impresión, probablemente irreal, de que concentraba una gran capacidad de decisión, o que restaba autoridad al líder y a los demás ministros, y es lógico que Sánchez haya querido poner fin a la situación al tiempo que recalaba nuevamente en el partido para depositar en él su estrategia y su agenda. La parte política del gabinete quedará, pues, depositada sobre el tándem Óscar López-Félix Bolaños, que se coordinará con el secretario de Organización del PSOE, que podría ser Santos Cerdán, número dos de Ábalos hasta ahora.

De todo este profundo movimiento plasmado en siete relevos se ha salvado el sector económico, cuya titular, Nadia Calviño, se ha convertido en primera vicepresidenta, una posición simbólicamente muy expresiva tanto en el mercado interno cuanto frente a Bruselas. Es probable que Bolaños presida la comisión de subsecretarios (Calviño ya preside la comisión delegada de asuntos económicos) pero a Calviño le corresponderá poner en pie el plan de reconstrucción, que moverá ingentes cantidades de recursos (circunstancia que puede haber influido en la salida de Redondo, un ‘externo’ al núcleo político de poder que asumirá la responsabilidad de ese reparto). Lo lógico es que el dinero público sea íntegramente gestionado por quienes ocupan cargos institucionales de alto nivel. Con Calviño se mantendrán en sus puestos los titulares de los Departamentos económicos la ministra de Hacienda, Montero; el de Seguridad Social, Escrivá; la de Sanidad, Darias y la de Trabajo, Yolanda Díaz.

Es el momento de comenzar a redactar los presupuestos generales del Estado 2022, cuya negociación coincidirá cronológicamente con el inicio de las conversaciones entre el Gobierno del Estado y el de Cataluña, por lo que no parece difícil acordar pacíficamente unas cuentas públicas con ERC. Dichos Presupuestos serán vitales para organizar las inversiones de los Fondos de Reconstrucción que llegarán de Bruselas ya en el año en curso, y también a lo largo de los dos años siguientes. Incluyendo los fondos de cohesión, España deberá gastar 108.000 millones de aquí a 2027. Lo que obligará a explotar todas las energías de las estructuras políticas y del aparato productivo español. Además, España tiene derecho a recibir 70.000 millones de los fondos next generation en eurobonos; y ha decidido aceptarlos, después de vacilar sobre la conveniencia de hacerlo, con el fin de fortalecer este instrumento innovador basado en la mutualización de deuda. Estamos en definitiva en una fase de recuperación y expansión económica, que inducirá la modernización acelerada del país. No carece de lógica que la primera vicepresidencia del Gobierno sea la económica y que la ocupe quien, además de una formación brillante, tiene entrada franca en Bruselas, donde disfruta de merecido prestigio.

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