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Juan Tapia

Nuestro mundo es el mundo | Caballos de refresco, menos tenores

El presidente prescinde de Calvo, Redondo y Ábalos que tenían gran peso en el anterior ejecutivo

El rumor corría, pero Pedro Sánchez ha logrado sorprender con un cambio de Gobierno, en un sábado de julio, haciendo una remodelación muy amplia. Mayor de la esperada.

Con 30 meses de legislatura por delante, Sánchez ha optado por la continuidad en el área económica y en los ministros de Podemos, pero ha procedido a un amplio relevo de caballos con más presencia femenina (63%) y cierto rejuvenecimiento. Lo más notable es el eclipse de los tres tenores políticos del anterior ejecutivo. Salen la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, su director de gabinete, Iván Redondo, que detentaba un gran poder (excesivo para muchos), y José Luis Ábalos, titular del importante ministerio de Transportes y dirigente de gran peso del PSOE.   

Y no tienen recambio político. Sánchez era un presidente todopoderoso y el nuevo Gobierno será aún mas presidencialista. La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, gana fuerza al pasar a la primera vicepresidencia. Es un mensaje a Europa –hay que adaptarse a los 140.000 millones del plan de regeneración–, a los sindicatos y aún más al empresariado, y por último a Podemos. La política económica debe ser compatible con la de los principales socios europeos, lo que exige rigor y cautela.

El peso de Calviño se acrecienta al haber también continuidad en el área económica. Sigue la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con el añadido de la función pública pero sin portavocía, José Luis Escrivá (Seguridad Social) y Luis Planas (Agricultura). Así como la menos alineada Teresa Rivera, vicepresidenta de Energía. Pero en el campo político, Sánchez, cansado de la tensión entre Iván Redondo y Carmen Calvo, ha prescindido de los dos. Félix Bolaños, ministro de Presidencia, tiene un perfil más técnico y jurídico y Oscar López, el nuevo director de gabinete, es un mensaje al PSOE (releva a Iván Redondo, que el partido detestaba). Y no es ‘sanchista’, pues estuvo unido a Pepiño Blanco y a Rubalcaba.

El cambio de caballos se patentiza en Exteriores, donde llega José Manuel Albares, actual embajador en París y antes asesor directo del presidente, que sustituye a Arantxa González Laya que paga los errores en la crisis con Marruecos. También en Justicia, donde Pilar Llop, presidenta del Senado, releva a Juan Carlos Campo, víctima del fallido pacto con el PP para renovar el Consejo del Poder Judicial y del descalificativo informe del Supremo sobre los indultos. Intentar apaños con la derecha judicial no ha funcionado.

Otro cambio que sorprende es la llegada de la alcaldesa de Gavá al muy poderoso ministerio de Transportes. Raquel Sánchez, aunque poco conocida, es una de las activas alcaldesas del PSC y su nombramiento indica su creciente influencia en Madrid. Tenía un ministro –Miquel Iceta, que pasa a la cartera de Cultura y Deportes– y ahora tendrá dos.

Para portavoz del Gobierno, Pedro Sánchez ha elegido a la alcaldesa de Puertollano, Isabel Rodríguez, que ya fue una eficaz portavoz de José María Barreda, expresidente de Castilla-La Mancha y que en las primarias votó –dicen que sin entusiasmo– a Susana Díaz. ¿Otra muestra de la voluntad de cerrar heridas en el PSOE? Pilar Alegría, que ganó las municipales de Zaragoza, pero no pudo ser alcaldesa, será la nueva ministra de Educación y Diana Morán, alcaldesa de Gandía, la de Ciencia.

Pero la renovación no impide la permanencia de algunos pesos pesados. Grande Marlaska, muy atacado desde la derecha, sigue en Interior, y Margarita Robles, «la españolista del PSOE», en Defensa. Y también continúa, cambiando de cartera, Miquel Iceta, primer secretario del PSC, así como Carolina Darias, titular de Sanidad desde la marcha de Salvador Illa.

Pedro Sánchez ha recurrido a caballos de refresco a mitad de la carrera y ha prescindido de los tres tenores políticos del anterior Gobierno, pero no toca a los ministros de Podemos. Yolanda Díaz es necesaria para el diálogo social y Sánchez ha decidido no abrir el melón de una negociación con Podemos y mantiene a los otros cuatro ministros morados. Sentido práctico para hacer una crisis rápida y sin problemas, pero también confesión explícita de que hay ministros sobre los que tiene menor autoridad. No es lo normal en los gobiernos de coalición europeos.

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