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Alex Volney

Un reto crucial

Este hombre que mira el objetivo, cargado de mantas y que acompaña a su hijita que ni parpadea no se acaba de creer lo que está viviendo y se llamaba Mariano Gracia. Ella Alicia, Alicia escapando del país de los fascistas, niña mutilada en el bombardeo de Monzó, Huesca, y que sirvió de modelo del monumento al exilio que está puesto en La Vajol, en la montaña, en medio de esa fabulosa mata de corcho, una escultura bien viva, de hierro, y no solamente por los dignísimos peregrinajes que recibe, servidor ha comprobado que atrae los rayos en los días de tormenta. (Visitas esporádicas al pueblo del bisabuelo). Detrás, siguen sus hermanos, el pequeño Amadeo, de 5 años, también herido, y el hermano mayor, Antonio, que también escruta la cámara, parando el tiempo. El hombre que lleva al más pequeño de la mano es Thomas Coll, que fue amputado en la Primera Guerra Mundial y que cuando supo que la frontera la pasaban niños mutilados no dudó en salir al encuentro y ayudarlos.

Esta imagen es mucho más que un símbolo, pero al fin y al cabo es un ejemplo de que los fascistas no lo ganaron todo. Mientras se ha negado, tanto tiempo, una tumba digna a los muertos de la represión, los testimonios que quedaban hicieron posible que se trabajase para algún día restablecer el honor y dignidad de estas personas. La suerte de los que pudieron salir a Francia, México u otros países derivó en los testimonios para la reconstrucción de una memoria. Por la Vajol salieron a pie el President Companys, Azaña y el Lehendakari Aguirre. Días y días de éxodo bajo las bombas y el frío. Muchas de esas personas recomenzaron y siguieron su lucha e hicieron posible acabar con Hitler y con Mussolini. Muchos como los peligrosísimos protagonistas de la foto, esos demócratas caminando.

Esa misma idea de federalizar los derechos universales hace entrar en pánico a populistas y neofascistas. La ultraderecha se reconcentra estos días y se va aglutinando alrededor de esa idea antieuropea de volver a endurecer esas fronteras de los llamados estados-nación. Reventar Europa desde dentro. Le Pen, Orban, Meloni con Salvini, Kaczynski o Abascal se reafirman en su anhelo de hacer implosionar la UE desde dentro y lógicamente cobrando. Como se busca acabar con la descentralización del Estado Español pero ocupando cargos autonómicos. Esa federación europea fue una idea concebida con más fuerza en el período de entreguerras del pasado siglo. Una corriente que cada vez que cayó en desgracia llegó a suponer una involución o un recuento de muertos. Los populistas y la extremaderecha en general detestan la solidaridad entre las personas sean del origen que sean y, como no, toda lógica orwelliana referida a los conflictos bélicos y a quienes los ocasionan para su bolsillo.

Mariano Gracia lleva de la mano a su hija Alicia en 1939. Detrás, sus otros dos hijos, Antonio y Amadeo (junto a Thomas Coll).

El modelo en cuestión, el futuro de la Unión, es cada vez más el auténtico talón de Aquiles para los totalitarismos. El año 2011 el periodista Jacobo de Regoyos, poco sospechoso de rojo separatista, en su Belgistán, de trescientas páginas, iba desgranando el reto europeo que se avecinaba y lo tildaba de «laboratorio nacionalista» en el marco de la enquistada crisis de gobernabilidad en Bélgica. En opiniones a las antípodas o no, se han ido sucediendo, uno tras otro, serios avisos y advertencias a lo que hoy es ya un reto con el Brexit y con los populismos en general que proponen la destrucción del modelo federalizante europeo que representa, no pocas veces, la precaria y única salida a conflictos bloqueados eternamente bajo preceptos y dogmas que atienden más a nacionalismos económicos que a cualquier otro tipo de razón. De «La idea de Europa» de G. Steiner a la reflexión federalista de E.Jünger, buen conocedor de los frutos y finales de los órdagos de los nacionalismos llevados al extremo llegamos a revisar y ajustar, constantemente, la viabilidad del que puede ser el único modelo saludable. Observen, la alternativa al respeto mutuo y al poder empático entre los pueblos es la confrontación y la construcción de nuevos muros que tarde o temprano franquearan, aunque sean mutiladas, esas víctimas que conocen, en su lucha, la potente arma de la solidaridad entre las gentes. Esos peligrosísimos demócratas (los de la foto) franqueando la ratlla y escapando de aquellos guardianes de las eternas esencias y de lo que creen que nos conviene a usted y a servidor son la muestra y el latente recuerdo que el modelo europeo es un constante e interminable intento de fertilizar la paz como quien día a día prepara la tierra, sin descuido.

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