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Antonio Papell

Las piedras en el camino

El ministro Ábalos, que además es el secretario de Organización del PSOE, admitió el pasado viernes la cantidad de «piedras en el camino» que el Gobierno del Estado encontrará en su intento de «normalizar» la relación con Cataluña, normalización que se disponen a emprender el presidente del Gobierno español y el presidente de la Generalitat, y que hoy arranca con un primer encuentro personal y directo, después del buen sabor que han dejado los últimos actos en Barcelona. De entrada, conviene avisar de que el trayecto será largo ya que se piensa que durará al menos hasta el término de la legislatura estatal. Hay, pues, dos años de plazo para acordar,

En aquella ocasión, Ábalos se refería a un episodio concreto que ya actúa como palo en las ruedas del vehículo hacia el futuro: numerosos antiguos altos cargos del gobierno de la Generalitat —entre ellos, el exconseller Andréu Mas-Colell— han sido multados con sanciones exorbitantes por el Tribunal de Cuentas por haber divulgado el ‘procés’ en el extranjero y haber utilizado recursos públicos para ello. Más de treinta Premios Nobel han firmado un escrito de defensa del ilustre economista, con gran prestigio internacional, a que se quiere dejar en la indigencia a pesar de haber defendido en público y en privado que él era partidario de que la reivindicación soberanista discurriera siempre por cauces constitucionales.

Seguramente, el Tribunal de Cuentas ha actuado con exquisito respeto a la legalidad, pero es muy chocante tanto pormenor en este caso cuando la misma instancia ha sido incapaz de detectar toda la corrupción económica que durante veinte o más años se ha practicado en este país, un dilatado periodo durante el cual el PP (y algunas de sus figuras) se ha financiado ilegalmente mediante la prevaricación y el cohecho. El TC, un organismo opaco con más de 800 personas en su plantilla, saltó a los medios por diversos casos de nepotismo, y en la actualidad el Pleno, formado por 11 miembros, cuenta con 8 designados por el PP. La reforma del organismo es, desde hace mucho tiempo, urgente.

Pero las piedras más difíciles de sortear provendrán de los propios sectores implicados en la negociación. Si las partes no reconocen desde el primer momento los límites que ambas no pueden franquear, el debate se bloqueará. Ni la amnistía ni le reconocimiento del derecho de autodeterminación caben en la Constitución, pero sí es posible un cúmulo de acuerdos limitados y parciales, a los que habrá que recurrir. Junqueras, en una entrevista publicada el domingo en La Vanguardia, reiteraba sus objetivos máximos, aun sabiendo que la otra parte no podrá acceder a ellos; tal actitud parecería una invitación al desistimiento… si no fuera porque el propio Junqueras ha demandado la vía de la negociación y el dialogo y no tendría sentido bloquearla al primer intento. Porque sí hay un trayecto que recorrer: es posible negociar un pacto fiscal como quería Artur Mas, o la recuperación mediante leyes orgánicas de partes del Estatuto desactivadas por el Tribunal Constitucional, o conseguir mejoras en el autogobierno, o simplemente pactar una profunda reforma estatutaria que avance en la dirección federal… Primero habrá que ver cómo lograr este avance fraccionado. Y después, Sánchez y Junqueras habrán de gestionar el desgaste que les genera tal actitud. En Cataluña, Puigdemont es ahora el héroe sin competencia, el representante mesiánico de la nacionalidad incontaminada que no ha aceptado migajas del adversario, y hará cuanto pueda para recuperar para JxCAT el liderazgo parlamentario que le ha arrebatado Junqueras en las urnas. Sánchez, por su parte, será acusado por Casado de vender España a trozos a cada avance de la negociación, y aunque el dislate sea rudimentario, siempre habrá radicales ultras dispuestos a comprar la teoría de la conspiración.

Durante la etapa de Pujol, que acabó con la formación del tripartito en 2003, se utilizó la táctica del ‘peix al cove’ —el pescado en la cesta— mediante una reclamación constante de nuevos pasos hacia el autogobierno. Ahora habría que improvisar una vía intermedia entre aquel mercantilismo y la rotundidad del independentismo radical. No será fácil, definitivamente.

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