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Matías Vallés

Boulevard | El ‘Macrobrotellón’ es la factura de las mafias policiales

Los parásitos de los estudios turísticos pueden calcular el coste en imagen de los viajes de estudios, que han llevado a Mallorca a las portadas, como meca del contagio masivo del coronavirus

Estudiantes durante el concierto de la Plaza de Toros

Estudiantes durante el concierto de la Plaza de Toros

La única excusa para pagarle un sueldo público de 150 mil euros a Bel Oliver es que bajo ningún concepto se persone en el lugar de trabajo, y cabe reconocer que cumple. Hablando del mercado laboral, cuando el portavoz de un Govern de izquierdas menciona a «empresarios y trabajadores» por este orden, toca empezar a preocuparse. Escuchando a Iago Negueruela, se percibe que no le han dejado clausurar las calles del Jamón ni Punta Ballena, el poder está en otra parte.

El mismo día en que Londres autoriza los viajes de borrachera a Mallorca, Madrid prohíbe los viajes de estudios a Mallorca, dos regalos envenenados por el virus. A quién se le ocurriría venir a estudiar al paraíso del botellón, la experiencia etílica que ha dominado todas las noches de junio excepto la víspera de San Juan, cuando se privó a las familias y menores indígenas de su única velada playera.

El Macrobrotellón que ha desatado el escarnio de Mallorca en la vecina España no es «responsabilidad de todos», según insisten quienes no han sabido ejercer la suya. Se echa de menos la rueda de prensa de la Delegada del Gobierno, tan ufana tras detener a 16 mallorquines en una manifestación con velitas durante el toque de queda ilegal según el Supremo. Si el PP/PSOE hubiera atajado las mafias policiales en connivencia con los empresarios de la noche, en lugar de mimarlas, se facilitaría el control de los excesos. En el caos actual, se pagan las facturas de que ni siquiera sorprenda un botellón en el cuartel palmesano de la Policía Local.

Los estudiantes del país vecino no han sido contaminados por los mallorquines, sino por Mallorca. El virus lo transportaban los propios viajeros, por gentileza de Aena que no efectúa el mínimo control en los aeropuertos. Vinieron a contagiarse, aquí solo se aportó el alcohol indispensable para prender la hoguera. En realidad, los colegiales han infectado a los nativos, que siempre son las víctimas pero a quién le importan. Un año entero de toque de queda para que te contagie un turista, y ni siquiera eres hotelero.

Vamos a dejarnos de zarandajas epidemiológicas, para traducirlo al único lenguaje que dominamos los mallorquines. Los parásitos de los estudios turísticos pueden calcular el coste en imagen de los viajes de estudios que han llevado a Mallorca a las portadas, como meca del contagio masivo del coronavirus. Y que no se alegue que el importador de esa clientela ignoraba su naturaleza, porque pensaba que los estudiantes iban a dedicarse a la ornitología en s’Albufera.

Sospechábamos que todo iba a cambiar con el coronavirus, pero no sabíamos que era para empeorar. Y desconfíe de quienes le hablen del verde esperanza británico. En realidad, Balears está en la «green watchlist», bajo vigilancia al igual que Portugal antes de ser degradado al amarillo. Y el mismo día en que Bélgica, Alemania y Francia se negaban a recibir a viajeros británicos por el peso abrumador de la variante india.

La fusión y refundación de los contrarios. En la antigua Fundació Sa Nostra de la calle Concepció ya figura el mironiano cartel correspondiente de CaixaBank, un maridaje cultural que hace poco hubiera causado estupefacción entre los asistentes al acto.

En la imagen que hoy nos ilustra se representa la fusión y refundación de los contrarios. En la antigua Fundació Sa Nostra de la calle Concepció ya figura el mironiano cartel correspondiente de CaixaBank, un maridaje cultural que hace poco hubiera causado estupefacción entre los asistentes al acto. Entretanto, se juzga por lo penal en Madrid que no en Palma a los ejecutivos que devastaron a la caja de nombre siciliano.

Los procesados de Sa Nostra manifiestan como los independentistas que «lo volveríamos a hacer». Nadie duda de su capacidad reiterada de arruinar a una entidad. A propósito, los rectores de la Universitat Invisible de Balears que entonces y ahora (porque son los mismos) se negaron a retirar el doctorado horroris causa a Francisco J. Ayala «por falta de causas suficientes» (adviértase la pereza léxica), pueden concederle un segundo título honorífico, ahora que la Academia Nacional de Ciencias de USA le expulsa por acosador sexual. De hecho, los dirigentes de la UIB tienen una probada experiencia en la defensa de acosadores laborales. De acuerdo, a quién le importa un horroris causa, deberían venderlos. Quizás llegamos tarde.

Reflexión dominical indultada: «Es más difícil dar las gracias que pedir perdón».

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