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Ramón Aguiló

Escrito sin red | El farol de los ases

Los voceros de Sánchez se refugian en la fantasía. Sólo en ella encuentran los argumentos para defender la vulneración de las promesas electorales, lo que fortalece la confianza de los electores en quienes aseguran representarles. Pero son muy cucos y advierten que los indultos, un gesto rotundo de buena voluntad, no garantizan por sí mismos la desescalada de tensión en Cataluña. Aseguran que los grandes valores ya no tienen que ver con la patria ni con el territorio, sino con la democracia y la ley. Si así fuera, nada de lo que pasó en 2017 en Cataluña hubiera sucedido. Más bien parecen esas afirmaciones un desesperado intento de confundir los deseos con la realidad. Democracia y ley no pueden entenderse como constructos formales separados de una patria y un territorio. ¡Si hasta Stalin tuvo que recurrir a la defensa de la madre patria para defenderse del nazismo!¡O proclamarse patriota el defensor del asalto a los cielos! Los grandes valores tienen que ver, precisamente, con la democracia y el imperio de la ley en la patria y el territorio. El llamado patriotismo constitucional se ha revelado como un cascarón formal sin pulpa emocional que le confiera consistencia. La pretensión justificadora de los voceros se resume en su frase «la unidad de este país no se defiende ni con uniformes ni con togas sino con materia constitucional y con pedagogía cargada de palabras». Ahí, sanchistas e independentistas coinciden en su querencia por la desjudicialización de la política. ¿Qué sería de España sin las togas? ¿Qué sería de la democracia española si se impusiera la idea tan celebrada de que la democracia sólo consiste en votar? Pues, vista la experiencia, la pedagogía cargada de palabras (¿de qué si no?) no fue sino balido de cabra para el tigre del nacionalismo. ¿Quiénes sino las togas son las que han defendido con materia constitucional la unidad de España?

En la sesión del miércoles en el Congreso, Rufián preguntó: ¿Qué planes tiene el Gobierno tras la concesión de los indultos? A lo que replicó Sánchez: «¿Qué planes tiene ERC tras la medida de gracia del Gobierno? ¿Qué planes tiene el Govern de Cataluña?». Toda la retórica utilizada por Gobierno y nacionalistas catalanes está dirigida a que unos y otros avancen propuestas para la mesa de diálogo que se separen de las ya invocadas. Por parte del Gobierno, diálogo dentro del marco de la Constitución. Por el independentismo, amnistía y referéndum pactado. Constatado ya, por quienes defienden a todo trance al Gobierno, que los indultos no son otra cosa que un gesto rotundo de buena voluntad y nada más, se evidencia la hipocresía de quienes, desde el Gobierno, desde el PSOE, y desde algún sector de los medios, se dirigían al PP preguntándoles cuáles eran sus planes alternativos para normalizar la vida política en Cataluña; achacan al partido de la derecha, la vergüenza de que ellos, los residuales en Cataluña, propongan mantener la ira y el rencor entre Cataluña y el Estado. La gestión del gobierno del PP en Cataluña podría ser motejada objetivamente de inoperante y limitada a la procrastinación; pero constituye un abuso de la demagogia atribuirle, además, la ira y el rencor contra Cataluña. Se confunde, una vez más, con toda intención, Cataluña con el independentismo catalán. Tan sólo se ha ofrecido, ahora, por medio de Iceta, el cerebrito susurrante de Sánchez y futuro portavoz del Gobierno, la confección de un nuevo estatuto que sea refrendado por los catalanes; antes, la misma materia gris pedía referéndum pactado. Se ha dicho «un retorno al Estatut de 2005». Un Estatut declarado parcialmente inconstitucional en 2010. A santo de qué lo declarado inconstitucional en 2010 iba a ser constitucional en 2021. Improvisación tras improvisación.

Responden los voceros de Sánchez a las críticas de que los indultos no son sino el intento de mantenerse en el poder, que el fracaso de la mesa de diálogo y de la desinflamación política en Cataluña, supondría el fracaso de Sánchez en las próximas elecciones generales. Obvian que una medida política como los indultos sólo tendría sentido en un escenario en el que el independentismo asumiera que sus objetivos sólo pueden defenderse en el marco de la Constitución y la ley. En la medida que, hasta el momento, esto no es así, pues ni la amnistía ni el referéndum pactado tienen amparo constitucional, los indultos no son sino un gesto de la «concordia» que se escenificó en el Liceo. Curiosamente, aquí coinciden la oposición a Sánchez de PP, Vox y Ciudadanos con el nacionalismo catalán: el acto del Liceo ante 300 personas no es sino pura propaganda. Bien está que los fieles a Sánchez le otorguen el dominio de la estrategia a medio y largo plazo. Los que somos menos creyentes y nos atenemos a la lógica tenemos tendencia a pensar que la mejor forma de predecir el comportamiento de los humanos en el futuro es conocer el del pasado. Sánchez ajusta siempre sus actos a las exigencias del presente. Si para obtener votos en las elecciones generales hay que renegar de Unidas Podemos, se reniega; si hay que renegar de los indultos, se reniega. Si para alcanzar el poder hay que pactar con UP, se pacta; si para mantenerse en el poder hay que conceder los indultos, se conceden, pues sólo con los votos del independentismo puede seguir haciendo política. Nada en el pasado de Sánchez permite pensar que su visión sobre el futuro de España sea la de un estadista; más bien la de un oportunista; o sea, ninguna.

Las visiones de Sánchez y sus corifeos y las de los independentistas no pueden ser más opuestas. Mientras Ábalos y el PSOE confieren a los indultos el significado del descarte del odio y la apuesta por el diálogo y la concordia por parte del Estado, una obligación de aprobarlos por España y por Cataluña (sic), Junqueras proclama que los indultos son un triunfo del independentismo porque demuestran las debilidades del Estado. El PP, la debilidad de Sánchez. Así pues, tendremos sentados a la mesa de diálogo a dos interlocutores que van a mantener dos posiciones enfrentadas e incompatibles: la Constitución y la amnistía acompañada del referéndum pactado. A no ser que tanto unos como otros lleguen a mostrar los ases que guardan en la manga, que no podemos imaginar cuáles puedan ser, esto va a acabar mal, si no muy mal. En mi opinión, no los hay. Lo decía Clara Ponsatí: «Íbamos de farol». Jugando al póker y a la gallina se van a caer por el barranco. El peligro es que nos arrastren a todos.

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