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Ramón Aguiló

Escrito sin red

Ramón Aguiló

El estrés del Estado

Desde hace más de diez años no dejamos de vocalizar la palabra crisis. Crisis de todos los colores y a cuál más grave. Consideremos algunas de las más recientes, la crisis pandémica. Esta última ha puesto en evidencia las debilidades del Estado de las autonomías. Tras la tortura quincenal del primer estado de alarma, Sánchez proclamó la victoria contra el virus de la covid 19. Con la segunda arremetida del bicho proclamó un segundo estado de alarma de seis meses y se desentendió de la pandemia y de las reformas legales que anunció, dejando su gestión en manos de las autonomías. Un caos de medidas inconexas del que surgieron tensiones, mociones de censura, y las elecciones de Madrid ganadas por Ayuso, que anunciaron cambios de tendencia política. Se supone que el Estado da seguridades; pero las iniciativas de la ministra Darias, ansiosa por recuperar la iniciativa política, desmienten tal suposición. La ciudadanía ha hecho oídos sordos a la prescripción gubernamental de inocularse la segunda dosis de la vacuna Pfizer tras la primera de Astrazeneca: un 90% de los afectados ha rechazado la directriz gubernamental. Si a eso le añadimos que las restricciones acordadas por Darias y 11 comunidades, con el voto en contra de Galicia, Madrid, Andalucía, Murcia, Castilla y León y País Vasco en el Consejo Interterritorial de Sanidad, eran declaradas por la ministra de obligado cumplimiento en todo el territorio. Las comunidades disidentes denunciaron la injerencia estatal en sus competencias. La ministra aseguró que haría cumplir las restricciones y publicó la orden ministerial en el BOE. Con el resultado del recurso de Madrid ante la Audiencia Nacional que adoptó la suspensión cautelar de la misma. Si se especula con la dimisión de González Laya después de la chapuza con Gahli, que ha servido de pretexto a Marruecos para su ofensiva contra España en reclamación de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, no se explica cómo Darias sigue en su puesto.

Lo último de la crisis territorial lo ha propiciado el anuncio de los próximos indultos a los independentistas presos. Los voceros del gobierno los defienden argumentando que tal anuncio «supone un elemento apaciguador para aliviar el conflicto, paliar el dolor de la represión y el sufrimiento de la sociedad catalana». Insisten en que la desjudicialización del conflicto ayuda a recorrer el camino de la solución pues «los ánimos se habrán templado, las posiciones dulcificado y la rabia convertido en sutileza», (flors i viola i romaní). La carta de Junqueras, coincidente con la presencia de Sánchez y Aragonés en Barcelona en un acto del Foment del Treball, en la que apuntaba a la vía unilateral de independencia como inviable e indeseable, fue recibida con alborozo por el gobierno y duras críticas de la oposición, que insiste en que ni ERC ni el clérigo Junqueras son de fiar. Para ello no solamente recuerdan el «que se pongan los indultos por donde les quepa» del segundo, también las 155 monedas de plata de Rufián y la manifestación convocada por Junqueras en Sant Jaume llamando traidor a Puigdemont por su intención de evitar la aplicación del artículo 155 no declarando la república y convocando elecciones al Parlament. Ha sido la propia ERC la que a través de su portavoz ha aclarado que su prioridad es el proyecto de referéndum pactado con el gobierno central, pero no ha descartado, en caso de fracaso del mismo, la vía unilateral. La CUP se ha desmarcado de Junqueras y Junts per Catalunya ha recordado que su acuerdo de gobierno firmado con ERC contempla todas las vías para la independencia, incluyendo la unilateral. Crisis independentista.

El ministro de Justicia, J.C. Campo, en plena sintonía con los voceros del gobierno, se dirigió a Arrimadas reclamando qué pensaban hacer y qué proponer para restañar las enormes heridas existentes en Cataluña. El asesinato de la lógica es la trampa de un gobierno necesitado de apoyo parlamentario. Quien debe restañar las heridas es quien las ha causado, desoyendo todas las advertencias; no quien las ha sufrido. Al parecer, no es tarea de los violadores de la legalidad el retorno a la misma. Dado que los delincuentes que provocaron el conflicto sufren el dolor de la represión y la cárcel, acompañados por el sufrimiento de todos los catalanes que creyeron sus delirios de que la independencia estaba al alcance de la mano, de que por fin Cataluña sería libre e independiente, de que las empresas no se deslocalizarían y de que Europa les reconocería como su nuevo Estado; dado que sostienen con su voto a Sánchez en la presidencia del gobierno, corresponde a este gobierno llamado socialista facilitarles el tránsito desde la irresponsabilidad de la infancia de hoy a la madurez adulta de mañana. A los hombres hay que situarlos frente a sus actos. A los niños, que no saben que los actos tienen consecuencias que hay que afrontar, hay que acunarlos, como a Junqueras, mecerlos en nuestros brazos como ositos de peluche y decirles que los queremos mucho, pobrecitos, aún no pueden tener conciencia de lo que está bien y de lo que está mal. Dar tiempo al tiempo. Tal como la educación ahora. El profesor no tiene que enseñar contenidos. Su trabajo es hacer feliz a los alumnos. No se suspende a nadie. Nadie repite curso. El profesor no tiene ninguna autoridad. ¿El Estado? Condenado al estrés. ¿El futuro? Quién sabe, no está escrito. Lo seguro es que la tan deseada desjudicialización del procés no puede conducir a otra cosa distinta que a la arbitrariedad y a la injusticia. ¿La mesa de diálogo? O diálogo de sordos a la espera de que el Espíritu Santo descienda sobre el independentismo y acabe con el delirio de la febrícula supremacista (ojalá), o destrucción del Estado de derecho.

Las declaraciones a Vicenç Villatoro del Juan Bautista de la independencia, Jordi Pujol, el jefe del «oasis catalán» frente a «la corrupción de Madrid», desmienten toda la épica independentista. No tienen desperdicio: «El procés fue un error y el independentismo sufrió una severa derrota//Cataluña se movilizó de forma muy potente, pero no está a su alcance conseguir la independencia//la opinión pública creyó que todo el proceso sería rápido y sencillo. Era una quimera». Avisa Pujol de la decadencia que vive Cataluña y que la prioridad es superar la pandemia y la crisis económica. Propone volver al Estatut de 2005 (declarado parcialmente inconstitucional por el Tribunal Constitucional en 2010). Declaraciones atinadas de un nonagenario corrompido por el poder. Pero tardías. Se lo comerán a dentelladas.

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