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Antonio Papell

La España vaciada alza la voz

La España vaciada alza la voz

La España vaciada alza la voz INGIMAGE

El clamor de la España vaciada, que fue durante años el vestigio poco resonante de un mundo que periclitaba, ha vuelto a adquirir tono y envergadura ascendentes por la concurrencia de varios factores que, aunque todavía tenues, sugieren que se está preparando un cambio de tendencia, favorable a las aspiraciones de la España rural, que ha sufrido desde mediados del siglo pasado un éxodo brutal hacia las ciudades. La razón de tales movimientos migratorios era evidentemente socioeconómica: el sector primario proporcionaba escasas rentas y plusvalías, y las gentes acudían a las urbes, e incluso emigraban fuera de España, en busca de oportunidades laborales, de promoción personal.

En lo que llevamos de milenio, han surgido numerosas y masivas voces de denuncia del abandono de esta España vacía, obligada a la desertización por una flagrante falta de atención, desde comunicaciones a servicios públicos, y se ha generado un tejido reivindicativo de docenas de organizaciones que finalmente han fructificado en «Teruel existe», un movimiento provincial que ha conseguido un escaño en el Congreso y dos en el Senado en las últimas elecciones generales. Este éxito indiscutible, que abochorna a los partidos tradicionales y que marca un camino que podría ser seguido por otras agrupaciones en detrimento de la representatividad de las organizaciones clásicas, ha sido el aldabonazo que ha abierto una nueva era. Entre otras razones, porque han sobrevenido factores nuevos que obligan a reconsiderar el equilibrio entre lo rural y lo urbano.

Uno de esos factores ha sido la lucha contra el cambio climático, inscrita en una movilización ecologista global en favor de la preservación del medio ambiente. El recurso a energías limpias, el establecimiento de condiciones saludables a las explotaciones agrícolas y ganaderas, revalorizan lo rural y por lo menos detienen los flujos de despoblación. La agricultura ecológica y artesana compite con la industrialización del campo y la vieja idea de que el futuro quedaría caracterizado por el entramado urbano en tanto lo rural sería una especie de inútil tejido intercelular ha dado paso a la idea de lo rural como pulmón, como territorio excedente que un día permitirá una distribución demográfica más descongestionada y homogénea.

Junto a este factor, la pandemia ha originado otros efectos trascendentales. Cuando el confinamiento, se ha valorado mejor lo que significa residir en territorios de baja densidad de población, en los que la movilidad es más fácil e inocua. Y la posibilidad creciente de trabajar en casa en numerosas ocupaciones debilita la idea de que el trabajo terciario ha de desarrollarse en las grandes urbes ya que manifiestamente puede realizarse desde cualquier parte. Cientos de miles de trabajadores de cuello blanco puede ya trabajar, y de hecho trabajan, desde su ordenador en cualquier lugar… siempre que dispongan de la necesaria conexión de calidad.

Como es conocido, de organizaciones asentadas en la España vaciada, alineadas tras la punta de lanza de Teruel Existe –con un diputado y dos senadores en el parlamento— han lanzado el pasado martes un gran plan de reequilibrio que contiene una exigencia de medidas, muchas de ellas de discriminación positiva, que permitan la resurrección de lo rural. Para ello, es evidente que ha de disponerse redes de infraestructuras de transporte y de comunicación, y que hay que acometer una distribución cabal de servicios públicos —sanidad y educación básicamente— al alcance razonable de todos los núcleos poblacionales.

El cúmulo de aspiraciones es largo, y la inmensa mayoría de ellas es irreprochable. El plan 100/30/30 —internet de al menos 100 megas, distancia de menos de 30 km. del núcleo de comunicaciones más cercano y de menos de 30 km de los servicios públicos esenciales (centros de salud avanzados y centros educativos)—, es una demanda básica, de la que se derivarán otras ya vinculadas a la propia resurrección. Significativamente, el «reto demográfico» ya tiene una cartera ministerial, en manos de la vicepresidenta cuarta, lo que indica que el camino se ha emprendido. Ahora falta recorrerlo a buena velocidad.

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