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Jose Jaume

DESDE EL SIGLO XX

José Jaume

Apiolado Ciudadanos, la derecha se compacta con un Vox irreductible

Euforia por los cuatro costados en el PP: las encuestas le sonríen, adelanta al PSOE y Pablo Casado se ve instalado en La Moncloa; cambio irreversible, proclama

Pablo Casado

Pablo Casado EUROPA PRESS

De Madrid al cielo. Eso es lo que dan por hecho en el PP, donde desde el doloroso rejón de castigo que Isabel Díaz Ayuso ha clavado a las izquierdas, singularmente al PSOE, celebran la que dan por descontada futura victoria en las elecciones generales que acabarán con el Gobierno de coalición PSOE-Podemos, «nefasto» e «ilegítimo» Frente Popular que está «destruyendo» España. No hay vuelta atrás: se ha entrado en tiempo de descuento para Pedro Sánchez. Pablo Casado es el llamado a ocupar la presidencia del futuro patriótico gobierno de la nación. La cuestión radica en que no se sabe cuándo se convocarán las ansiadas elecciones, porque sucede que es factible, probable, que transcurran dos largos años antes de que el presidente llame a las urnas. Dos años. En política, en la magmática política española, eternidad, más allá de cualquier consideración temporal considerando que el mundo vive, es tópico reseñarlo, aceleración brutal susceptible de tumbar certezas en apenas horas. Al PP la espera puede dejarle en pasmo. Atengámonos a lo ocurrido tras las elecciones catalanas: se dio por muerto al partido conservador. Resulta que resucita esplendoroso en su Madrid inabordable para la izquierda. Apenas tres meses entre Cataluña y Madrid. De por medio el desastre de Murcia. La obscena compra de voluntades de los casquivanos diputados de Ciudadanos, partido que se licúa aceptando complacido la opa hostil, desvergonzada, que contra él lanza el PP. Ha sido descabellado sin remisión. Sucede con los partidos que quieren ocupar el etéreo centro: cuando se aproximan a la vera del PP son succionados. Le aconteció al CDS de Adolfo Suárez (el padre, el hijo es un cero a la izquierda de la nada); a la UPyD de Rosa Díaz, hoy extravagante y estridente comentarista de la extrema derecha, a los partidos regionalistas como el valenciano UPV del fallecido González Lizondo. A cualquier partido de centro que ha preferido alianza con los populares a explorarla con los socialistas.

Un genuino partido liberal a la europea jamás ha hecho ascos a la coalición con los socialdemócratas (mendaz argumento para rechazarla en España: el PSOE de Pedro Sánchez es populista, rehén de comunistas, batasunos e independentistas, de cuantos quieren romper España, su España). Ciudadanos ha buscado incansable el triste final que protagoniza. Inútiles los aspavientos de Inés Arrimadas para rescatarlo de la extinción. Albert Rivera lo creó. Albert Rivera lo mató.

En esas está la derecha hispana. Feliz en su mundo. Esperando que llegue momento de volver donde nunca debió de irse. Precisemos que las generosas encuestas que le obsequian los medios afines mantienen variable poco grata: la pétrea resistencia de Vox. La ultraderecha no flojea. Mantiene posiciones. Dicen los sondeos que PP alcanza mayoría con Vox. Compañero molesto. Incómodo. A Casado no se le atraganta. El discurso del Congreso de los Diputados abjurando de Santiago Abascal, de sus pompas y sus obras, efímero espejismo. El problema, las cartas credenciales a presentar en Bruselas si forma gobierno con la anuencia de la extrema derecha. Vox reclamará entrar en un ejecutivo del PP de disponer de suficiente fuerza parlamentaria. Las encuestas se la otorgan.

La aireada progresiva debilidad del PSOE, resquebrajamiento del Gobierno, se verá dónde fluye. Sánchez tiene manos por jugar todavía. Algunas de interés. Vienen los indultos a los independentistas catalanes. Bramarán las derechas. Ya lo han hecho el portento de Teodoro García Egea y la aniquilada Arrimadas. Traición a España. ¿Precio a pagar por el PSOE? ¿Oneroso? ¿Asumible? Fue con Gobierno del PP, el de Mariano Rajoy, cuando se celebraron dos refrendos ilegales. Al PSOE no le han montando ninguno. Todavía.

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