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José María de Loma

Más calle

El otro día le pidieron a un dirigente socialista que hiciera autocrítica por el resultado de Madrid y dijo que hacía falta más calle. Lo dijo desde su despacho, claro. Lo de la calle para algunos políticos es como el ibuprofeno para ciertos médicos. Estoy fatal, doctor. Tómese un ibuprofeno. Me duelen las entendederas y ando un poco dolorido por la parte de la melancolía. Nada, nada, hombre, un ibuprofeno y como nuevo. Más calle. Al partido que pierde o va mal en las encuestas siempre es que le ha faltado calle. En España los políticos se pirran por llegar a un buen despacho y en cuanto llegan los mandan a la calle. Algunos se resisten, con lo a gusto que se está sentado en una silla de diseño de dos mil euros, con moqueta, el cuadro del Rey detrás y Venancio en la puerta por si hiciera falta un café, un informe o telefonear a Gutiérrez, el de protocolo. El jefe de protocolo es muy importante para echarse a la calle. Se ha dado el caso de algún ministro que no sabía cómo se caminaba por la acera o que era incapaz de distinguir un paso de cebra de un rinoceronte. El político con malos resultados electorales reacciona y sale a la calle, sí, pero para ir a contratar a un gurú. Y el gurú le recomienda salir más a la calle. Entonces el político abandona la oficina del gurú y, en efecto, baja a la calle de nuevo. Pero como no sabe qué hacer en la calle pues retorna a su despacho. Una vez allí le preguntan por las elecciones y dice que hay que ir más a la calle. Ahí es cuando el gurú le telefonea porque ha visto sus declaraciones y lo felicita por haberle hecho caso. Y le pasa la factura.

Nos hace falta más calle, proclama el derrotado derechista. Tenemos que estar más en contacto con la calle, brama el izquierdista descabalgado. Pero en la calle no se les ve. Yo he mirado en tabernas y librerías, bancales y ferreterías, cenáculos y playas y nada. Y hacen mal. En la calle se está muy bien. Trabajando, se entiende, no en la puta calle.

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