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Botellón

Lo que gusta, gusta, y si nos lo ponen al alcance lo tomamos. Lo único que pasa es que no todo el mundo tiene la misma barra de medir, como no todo el mundo mide los tiempos, ni las consecuencias, de igual modo. Ganas de libertad, de sentirla, de hacer sin miedo a la advertencia, despiporre sin temor; eso es lo que ha pasado en las últimas horas en este país. Normal, normal a medias, pero dentro de lo normal, porque lo raro habría sido que todos hubieran salido en fila india, dejando una brazada de espacio y llenos de generosidad, tan evidentemente ausente en estos tiempos.

Las personas han salido a la calle a vivir y para que todo hubiese sido un pelín más concienzudo existen instancias encargadas de guiar nuestros pasos, y aún así, nos desviamos. ¡Puertas abiertas! Y hasta los caracoles han incumplido los límites de velocidad en su búsqueda por la hoja verde. ¿Botellones? Pocos hemos visto para los que se habrán disfrutado, y los que vienen de camino.

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